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Críticas

27 mayo, 2017

Crítica: EL TREN DE LAS 3:10 (3:10 TO YUMA), de James Mangold

3:10 TO YUMA (Estados Unidos, Western – Drama, 120 Minutos)
Dirección:
James Mangold.
Guión: Stuart Beattie, Michael Brandt, Derek Haas.
Reparto: Russell Crowe, Christian Bale, Logan Lerman, Dallas Roberts, Ben Foster, Peter Fonda, Vinessa Shaw, Alan Tudyk, Luce Rains, Gretchen Mol.
Música: Marco Beltrami.

Valoración: 7/10

Resumen: Cuando Ben Wade, el jefe de una temible banda de forajidos, es capturado, surge otro problema. ¿Quién tendrá el coraje de llevarlo hasta el tren que lo trasladará de una vez por todas a prisión, a sabiendas de que sus sanguinarios compañeros intentarán liberarlo a cualquier precio? Dan Evans, un veterano de la Guerra Civil, que intenta mantener a su familia como puede, se ofrece voluntario. A pesar de los peligros del camino y de las artimañas de Wade, Evans hará todo lo posible por cumplir con su deber.

Crítica: En primer lugar señalar que esta Yuma es un claro ejemplo de que la globalización ha perdido el tren. Que no funciona, o al menos no tan bien como se supone que debería. Simplemente hay que echarle un vistazo al calendario para calcular con asombro el tiempo que por estas latitudes hemos tenido que esperar para poder ver esta película. Con semejante retraso es lógico pensar que alguno se habría olvidado de este filme, nueva muestra de que el western, género de géneros, ha pasado a mejor vida y sólo se muestra entre nosotros los mortales, con breves apariciones como esta. Yuma bien podría definirse como un duelo al sol entre sus dos estrellas que colts y balas aparte, se desarrolla en el terreno psicológico. Russell Crowe y Christian Bale (curiosamente ambos extranjeros) llegaban al rodaje en plena forma, consagrados –tal vez Bale esté disfrutando más de las mieles del éxito este año- como dos de los actores de la industria norteamericana más relevantes. La batalla interpretativa entre ambos se antojaba como el mayor atractivo de la película, y lo cierto es que no defrauda. Crowe se mueve con soltura en la piel de un personaje ambiguo y desconcertante, manipulador, asesino y al mismo tiempo honrado a su manera, que se convierte en el padre de todos los problemas para un humilde y honorable granjero consciente de que la única herencia que recibirán sus descendientes, es esta notable lección moral. En una tierra dibujada como un continuo “sálvese quien pueda”, el deber es un lujo demasiado caro como para ejercerse a la ligera y sin embargo es el único camino para obtener la paz y acallar esa molesta voz llamada conciencia. Mangold construye un digno remake en el que la acción cobra mayor peso, pero que no pierde el magnetismo ni la esencia del original y en el que como en el clásico, no falta una moraleja final que logra que la larga espera haya merecido la pena.






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