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Cine

18 enero, 2018

Recuperan el GOYA perdido (Esto sólo pasa en España)

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Escrito por: Pablo Gutiérrez

Recapitulemos. 1 de Febrero de 2.009. Madrid. España. Se entregan los Goya de este año, que premian a los mejores del cine patrio. Todo es glamour sobre la alfombra verde (en España, es verde). Risas, compañerismo, fraternidad, gente diciendo “¡Hombreeee!” y abrazándose como hermanos, como miembros de una logia secreta. Como marineros que, una vez en tierra, buscan el cariño de un compañero sin percatarse de que siempre ha estado en el camarote -camerino- de al lado.

Ya dentro, la ceremonia. Sin demasiadas sorpresas. Como cada año. Lágrimas, emoción, aplausos, homenajes. Besos en la boca en el escenario, siguiendo la doctrina adrienbrodiana. Qué buen rollo, joder. Camino vence. Los Girasoles Ciegos es la gran perdedora. Porque tiene que haber una, sino, no es lo mismo. Necesitamos una contrapartida ante tanto éxito y ante tantas envidias que despiertan los vencedores. Necesitamos la otra cara de la moneda y un estoico José Luis Cuerda nos la da. Eso sí, aunque derrotado, ha recogido el Goya de Rafael Azcona.  Descanse en paz, maestro.

Qué noche. ¿Y es que a quién no le gustan los Goya? ¿A tí?. Eso es porque eres un inculto. ¿A ti tampoco? Porque serás un cineasta resentido. ¿Y ahora qué? Pues una buena fiesta. Eso aquí nunca falta. Que no se diga. Más abrazos, más risas, más lágrimas. Esta vez entre un gin-tonic por aquí y un cubalibre por allá. Pero esto es España, amigos. Y hasta en los momentos cumbre, donde todos olvidan rencores -al menos los vencedores- tiene que pasar algo que lo eche todo por tierra.

Alguien ha robado un Goya. ¿Robado? ¿Goya? Parece increíble. ¿Quién puede haber hecho esto? ¿Qué mente perversa puede haber ideado semejante maldad? Albert Solé, el afectado, aparece en la tele desconsolado intentando conmover a los secuestradores -habrán sido varios, tan osados- con una buena dosis de humanidad. “Me ha costado mucho ganarlo”, dice el cineasta.

Los medios se movilizan, la policía manda sus equipos de élite, toda España se paraliza y busca el Goya. Busca por ríos, por montañas, por ciudades. Bajo alfombras, en armarios, en la cómoda. Se abren cajas fuertes. El ejército interviene cercando las grandes urbes. Se impone el estado policial. Comienzan las primeras detenciones. “¿Dónde está el Goya?” gritan inspectores de nudillos heridos y mangas arremangadas en oscuras salas de interrogatorios. Nadie lo sabe.

Los investigadores dan los primeros detalles sobre el ingenioso plan para hacerse con la valiosa estatuilla. “Abrieron un agujero con láser en la cúpula de cristal que lo protegía” -dice el comisario jefe en una multitudinaria rueda de prensa- “y a través de ese hueco, descendieron por la bóveda desactivando los sensores de movimiento y durmiendo a los seis guardias con un gas especial”. ¿Un gas? “Un gas”. Un gas especial. “Nuestros forenses lo están analizando en estos momentos”.

Los políticos presionan a las fuerzas del orden. El presidente, acompañado por primera vez por el jefe de la oposición -la situación merece semajante acto de patriotismo, han dicho- se personan en el lugar de los hechos. Rodarán cabezas si no hay resultados. Experimentados comisarios sudan en sus despachos a la espera de datos. El CNI moviliza a todos sus agentes de campo.

Y cuando ya todo el mundo lo daba por perdido, ocurre el milagro. Una filtración. Un chivatazo. Una pista. Los GEOS cercan un apartamento plagado de terroristas, entran, hay un tiroteo y… RECUPERAN EL GOYA ROBADO. Hurras. Vivas por todo el país. Confeti. Fuergos artificiales. Día de fiesta.

The End.

En realidad, como esto es España, el buen señor Solé, tal vez por no dejar de lado a sus compañeros, acudió a la fiesta del equipo de Los Crímenes de Oxford, dejando su abrigo y el perseguido Goya en la taquilla. Viendo esto un crítico en paro, le dijo a la encargada que le diera dicho abrigo y dicha cabeza de pintor sordo, y se lo llevó. Así. Sin más. Un crítico tenía que ser. Un tipo de esos que siempre ha querido hacer cine pero como no sabe (no conoce a nadie), no puede (no tiene dinero) o no le dejan (no conoce a nadie, one more time) se dedica a criticar el trabajo de los demás diciéndoles -toma ya- cómo deberían hacerlo.

Y encima está en paro. Lo que es peor. Porque el Goya es un premio para trabajadores. No para parados. El caso es que el anónimo secuestrador -que no ladrón- ha entregado el premio al periódico El Mundo para que estos se lo hagan llegar a su legítimo dueño. El activista ha declarado que sus intenciones eran resaltar el “sectarismo y el nepotismo del cine español”, harto como está de que “siempre les den los premios y las subvenciones a los mismos”. ”Es un mundo cerrado, de amiguismo, donde es imposible conseguir un trabajo si no tienes enchufe”, declara. El ex-crítico también espera que con este acto en este país se “imponga el cine de calidad”. Alma de cántaro… ¿Tendrá razón este genio del mal cuyo maligno plan se limitó a un “Dame mi abrigo y mi Goya”? Más detalles de su perfil piscológico, que le desvela como una mente perversa y proclive al crimen, los da el mencionado periódico. Ahora en serio, la narración desprende una humanidad conmovedora.

El caso es que esto da para una película porque tiene de todo. Risas, lágrimas, abrazos de compadreo, premios, éxito, fracaso, paro, dinero, pobreza, crisis… Deberían hacerla. Seguro que se llevaría algún Goya. Pero claro. Esto es España. Y para hacer esta película… ¿no necesitarían una subvención?

P.D.: Felicidades desde aquí a José Esteban Alenda (La Increíble Historia del Hombre Sin Sombra) que tuvo a bien echarnos un pequeño capote en su momento -gracias de nuevo- y a Isabel de Ocampo (Miente), compañera de Seminci este año. Y a todos los demás que ya tienen el Goya a salvo en su estantería.






3 Comentarios


  1. Te ha quedado genial el artículo, tío!!! XDDD


  2. Jaja, gracias. Improvisado esta misma mañana ante la inspiración que supone esta noticia. Un suceso de cine!


  3. spcr

    Te ha faltado incluir la increible cronica de Pedro J Ramirez que hizo en un canal de television Goya en mano y en plan graciosete.
    Lo de “Esto solo pasa en España”….se queda corto.



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