Como dijo una vez un gran sabio, todo el mundo tiene su propia opinión y en este mundo del cine nadie escapa tampoco a esa regla. Ni siquiera en este microuniverso conocido como “El Cine Español”, donde todo parece desarrollarse de un modo distinto a los macrouniversos del medio en otros países. ¿Acaso es comparable “El Cine Español” a “El Cine Francés”, “El Cine Alemán” y sobre todo a “El Cine Estadounidense”? No amigos. “El Cine Español” es un ente distinto, único, original, que se rige por normas autóctonas de las que, en otros lugares, nadie ha oído hablar.

Sin embargo a “El Cine Español”, esa divinidad adorada exclusivamente por un círculo interno y cerrado seguidores, de estrictas normas muy poco proclives al cambio -y al progreso- tiene también enemigos. O mejor dicho, para no ser tan extremistas, a “El Cine Español” le ha salido desde hace tiempo una tocapelotas Resistencia cuya principal labor es quejarse. Quejarse mucho. Quejarse alto. Quejarse a quien le escuche. Quejarse aunque no se le escuche.

La Resistencia a “El Cine Español” proclama que es posible tener en este país un cine comercialmente competitivo, en el que se ruede más y mejor a un precio nada disparatado, en el que entren más géneros y visiones y en el que puedan intervenir muchas más personas. La Resistencia pretende hacer de ese Círculo un tanto atávico, una organización de mente y brazos abiertos que acoja con sincero interés ideas frescas que llevar a cabo juntos, en sintonía, para beneficio de un sector que cada año tiene que asumir la derrota en taquilla ante productos extranjeros. La Resistencia quiere gente nueva, ideas nuevas y métodos nuevos que funcionen de forma armónica gracias a la experiencia acumulada durante años por los veteranos del sector. Estos, al fin y al cabo, han servido siempre de inspiración y ejemplo a unas jóvenes generaciones siempre deseosas de trabajar e implicarse en un trabajo que tiene un alto componente de pasión.

El caso es que a veces, aunque parezca increíble, hay agentes de la Resistencia dentro de “El Cine Español”. Idealistas luchadores que a pesar de su privilegiada posición dentro del Círculo Interno, se dedican a decir verdades como puños sin pensar en las consecuencias. Uno de estos osados revolucionarios podría ser Alex de la Iglesia, que no hace mucho escribió una interesante reflexión sobre el panorama cinematográfico patrio en el periódico El País. Pinchad, pinchad, si queréis leer las breves y directas Consideraciones Intempestivas de este puntero cineasta.

Alex de la Iglesia tiene razón. Todos sabemos que tiene razón. Es más, los que empezamos y nos vemos náufragos en un mar en el nunca se termina de divisar tierra, no sólo sabemos que tiene razón sino que además compartimos esos pensamientos e ideales. Los gritamos en cada festival y certámen. En cada blog y cada web. La gente que comienza, que trabaja duro cada día por dar una brazada más que le acerque a la tierra prometida, tiene depositada en ideas como las que el cineasta comenta, toda su esperanza.

El problema es que pensar es un comienzo. Un buen comienzo. Un magnífico comienzo. Nada mejor para mejorar, para cambiar, que hacer una sincera autocrítica y aceptar que los problemas existen. Ojalá esta mentalidad se extienda por todos los rincones de “El Cine Español”, penetre en las almas de sus seguidores y les inspire un cambio que todos anhelamos. Pero esta sincera meditación es del todo infructuosa sin la voluntad y los medios necesarios para llevar a cabo este beneficioso cambio. ¿Cuándo llegará?  

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.