Charlie Crews es un tipo raro. Es multimillonario, fanático de la fruta, conduce coches de gran cilindrada, no sabe manejar un teléfono móvil, piensa continuamente en voz alta y es un firme creyente de las enseñanzas zen. Charlie Crews también pasó doce años en la cárcel por un crimen que no cometió y contra eso no hay zen que sirva. Como compensación por esa Vida que perdió, recibió un montón de dinero y una placa de detective. Con esos medios el detective Crews, mientras investiga los crímenes más extraños de la ciudad de los Ángeles, intenta sacar tiempo para idear su venganza contra aquellos que le enjaularon.

Charlie Crews nos cae bien. O no. Y dependiendo de lo bien que nos caiga, Life será una de nuestras series favoritas. O no. Y eso que aparte de este extraño listillo, la serie viene cargada de personajes peculiares. Como una compañera más seca que la mojama con un viejo problema con las drogas y con un corazón enorme, un capitán salido y constantemente fuera de lugar -el pobre el neoyorquino y Los Angeles no es para él- o un compañero de piso (mansión angelina) ex-convicto, buenazo e inocentón que sabe la tira de economía pero casi nada de la (su) vida y menos aún de las mujeres.

Pero Life es en esencia Charlie Crews. Tal y como House es Greg House, Lie to Me es Cal Lightman o The Mentalist es Patrick Jane. O para recurrir a los clásicos, o como Colombo era el detective Colombo. Crews es un personaje tan estrafalario, magnético, complejo y bien interpretado que es capaz de arrastrar toda una serie por sí solo. Pero afortunadamente Life tiene otros muchos alicientes. Como los crímenes más imaginativos vistos en pantalla en mucho tiempo, unos diálogos ágiles y a menudo descacharrantes, una lograda trama general, una ambientación perfecta y mucha mala leche a la hora de reírse de sí misma y de su género.

Todo eso ya lo vimos en la antológica primera temporada y que fue una de las mejores introducciones a una serie que se han visto últimamente por la pequeña pantalla. En esta segunda temporada la cosa sigue igual. Más o menos. Hay que tener en cuenta de que huelga de guionistas aparte, esta es ahora la serie real. Una de 21 capítulos en la que obiviamente, hay altibajos. Hay capítulos buenos, otros no tan buenos y algunos sencillamente geniales, como el imprescindible Hit me Baby. También hay que atacar a Life donde más le duele, que es a la hora de mantener a algunos personajes. Para mí la pérdida de Brooke Langton ha sido irreparable, y si a ella le sumamos las salidas por la puerta de atrás de Jennifer Siebel Newsom o Jessy Schram, la cosa se queda un poco desangelada. Ni siquiera la participación de Gabrielle Union -otro personaje raro, una listilla superdotada que quiere llegar a alcaldesa- logra hacer pasar desapercibidas esas extrañas abducciones. ¿Dónde están? ¿Qué ha sido de unas mujeres tan importantes para Crews? ¿Volverán?

También se le puede achacar el exceso de esfuerzo en intentar sorprender continuamente, sobre todo en su trama global, lo que convierte a esta segunda temporada en algo un punto menos sobresaliente que su predecesora. Sigue siendo brillante pero es incapaz de superar a la primera porque aquella era breve y buena, lo que le convertía en doblemente buena. Era más intensa que esta pero igual en entretenimiento y mala leche. Life es una serie que, a pesar de su lema -Todo está conectado- se atreve a romper con todo, darle la vuelta, convertirlo en una rareza y luego reírse de ello.

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.