Tras los últimos trágicos sucesos ocurridos en su vida, el doctor Gregory House tendrá que lidiar una vez más con nuevos desafíos personales, entre los que se encuentran recuperar la amistad de su hasta ahora inseparable Wilson, lidiar con sus sentimientos por la Dra. Cuddy y combatir sus propios demonios personales. Todo esto acompañado por un equipo de novatos junto a los que intentará desentrañar los más extraños casos médicos. 

Desde hace ya unas semanas tenía planeado escribir un artículo sobre House M.D. y tenía pensado titularlo “House es un cobarde”. La serie, quiero decir, no el personaje, cuya cobardía está fuera de toda duda y no es algo para nada nuevo. Estaba enfadado con la serie, con sus planteamientos y con los devenires de las ¿tramas? que hemos presenciado a lo largo de esta temporada. Me sentía engañado por una broma brillante pero repetitiva y cada vez más previsible. Dejé de ver la serie, la retomé, la dejé, volvía a ella y así hasta el capítulo final que se emitió ayer noche en Estados Unidos. Mi relación con House M.D. (la serie) ha sido la típica de amor – odio que hace buena la frase “no puedo vivir sin tí pero contigo tampoco”. Iba a escribir ese artículo hace semanas. Pero decidí esperar, tal vez porque pensé que después de tantos años, esta serie se merecía la oportunidad de ser juzgada con una visión en conjunto de su última campaña.

Pero el caso es que sí. House (la serie) es muy cobarde. Tiene un miedo terrible al cambio y si todo cambia, es simplemente para trasladar una sensación de movimiento. El mismo movimiento que se utiliza a la inversa para deshacer lo hecho. Es decir, que cuando House avanza un paso, retrocede dos mientras empieza a intuirse que volverá a avanzar para, por supuesto, más tarde desandar lo andado. Todo ello en una carrera hacia adelante casi a la desesperada en la que el espectador siempre tiene la sensación de que va a ocurrir algo realmente importante, para luego percatarse de que era una intrascendentalidad más de este show. Pasan cosas, que es lo que importa, pero en realidad nada ocurre. Nada cambia. ¿Se me entiende?

Todas las series tienen un considerable apego por su status quo (o punto de partida, como queráis) pero lo de House es algo ya enfermizo. ¿Ha cambiado realmente algo desde el primer capítulo hasta este último, cinco años después? ¿Es acaso que House M.D. es una serie lineal, una de las mayores mentiras de la tele? House sigue siendo el mismo gruñón infeliz que al principio, rodeado de los mismos personajes que al principio, que a su vez están en la misma situación que al principio. Nada se ha alterado desde el comienzo de la serie. Esto no tiene porqué ser malo. Lo realmente censurable es la ilusión de cambio, cada vez más evidente y rastrera, a la que nos someten en cada capítulo. Y este es un pecado muy grave para una serie del peso de House, ya que está trasladando a su público una terrible sensación de obra vacua, trivial y del todo intrascendente. Nada peor para un show de estas características que su público perciba que nada lleva a ninguna parte.

Ahora vienen unas pequeñas preguntas sin respuesta cargadas de SPOILERS, para que aquellos que siguen la serie entendáis mi amor-odio hacia esta temporada. ¿Para qué “enemistar” a House y Wilson si todo vuelve a ser igual dos capítulos después? ¿Para qué presentar a un personaje como Trece, en principio cargado de problemas y matices, para luego sumirlo en una forzada relación romántica? ¿Por qué una serie que aborrecía el romance descarado, lo usa ahora sin rubor y a tres bandas? ¿Por qué ocurren cosas aparentemente cruciales -Cuddy y el bebé, House y la metadona, el psicólogo… Cameron como jefa- que se resuelven automáticamente en el mismo capítulo? ¿Realmente el  abandono de Kal Penn fue tan repentino como para ofrecer a la muerte de su personaje ese desbarajuste de episodio? ¿Por qué este interesante season finale es a la vez confirmación y desmentido de todo lo anteriomente expuesto? ¿Veremos en la siguiente temporada un cambio real en los parámetros de la serie?. FIN DEL SPOILER.

El caso es que House M.D. padece cada vez más el síndrome Fox. Este es el que afecta a las series de éxito de la cadena y consiste, ni más ni menos, en la explotación hasta las últimas consecuencias de un concepto que goce con el seguimiento de la audiencia, con el resultado habitual de que este se quema por completo. Por supuesto que House M.D. sigue siendo una serie que, a pesar del brillo perdido, sigue manteniendo un gran nivel interpretativo y narrativo. Sólo hay que fijarse en su producción, su elenco, su dirección o sus diálogos para ver que muchos aspectos fundamentales gozan de una excelente salud. Pero el que aún no se vean las llamas, no significa que no haya algo que empiece a oler a chamusquina.

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.