Los Seis de Oceanic se enfrentan al increíble desafío de regresar a la isla para rescatar a aquellos que quedaron atrás. Mientras estos, superando sus miedos y recelos, y dando la espalda a sus nuevas vidas, intentan encontrar un modo para volver, la gente de la isla comenzará a experimentar una serie de sorprendentes sucesos que les pondrá cara a cara con los más profundos misterios ocultos en ese lugar.

Lost (Perdidos para los amigos hispano hablantes) es otra de esas series que, o enamora desde el principio, o causa una gran indiferencia. Si hay alguna serie que juegue y manipule al espectador es sin duda esta, por lo que es lógico que exista gente que no haya decidido aceptar este juego, casi cruel, y haya ignorado el show desde sus primeros episodios. El resto, que disfrutamos con estas comeduras de coco y tomaduras de pelo (masoquistas que somos) seguimos mordiéndonos las uñas frente a la pantalla esperando ansiosos una dosis semanal más de Lost.

Sin entrar en juicios, lo que sí hay que concederle a Lost, sea uno seguidor o no de la serie, son dos cosas. Que esta es la GRAN serie de la televisión. La que nos trajo un nuevo concepto televisivo que consistía, sencillamente, en que un show de la pequeña pantalla podía convertirse, como en los viejos tiempos, en un fenómeno mundial. Y que Lost puede que sea un juego de manipulación, ilusión y engaño, pero al que sus creadores saben jugar de maravilla. Perdidos se ha preocupado desde un principio de responder a una pregunta con otra, y cuando ha llegado el momento de resolver alguna incógnita, acompañarla de varios interrogantes más. Este misterio perpetuo, añadido al aura mitológica de la serie, en la que se intenta hacer notar que cada nuevo dato y factor es crucial, ha logrado mantener una tensión impropia en sus seguidores y crear un auténtico fenómeno analítico a escala global. Sólo hay que visitar los cientos de webs especializadas en la serie que pueblan la red, para comprobar que cada nuevo guiño es estudiado al detalle en busca de la gran respuesta. ¿De qué demonios va realmente esta serie?

Y ahí va otra pregunta tanto o más perturbadora. ¿Acaso importa? La explotación del neomito, de los trucos narrativos, de los personajes, del diseño de producción, de la mitología clásica, de las civilizaciones perdidas, de las luchas corporativas, de la ciencia y la pseudo-ciencia, de los complejos mesiánicos, de las teorías de la conspiración, de la aventura, el espíritu de supervivencia… de los viajes en el tiempo. El aprovechamiento de esta mezcla para crear una paranoia suprema, a escala global, planetaria, universal, han hecho de Lost lo que es. Un show cargado de giros, de cambio, de intriga y de continuo movimiento. En realidad no queremos conocer más respuestas, sino que se nos lancen nuevos interrogantes, nuevos misterios que resolver y que tanto logran imbuirnos en esta obra. Queremos ser parte del misterio, no de la respuesta, y es esa sensación lo que realmente importa. ¿Anticipa esta frase la desilusión que podemos llevarnos al final de la sexta temporada y por tanto, del cierre del show? Tal vez, pero como dicen los más castizos, que nos quiten lo “bailao”. Lost ha proporcionado años de entretenimiento sin parangón del que aún queda lo mejor.

Esta quinta temporada, una de las mejores de la serie -aunque sólo sea por su acertado sentido del ritmo, endiablado en esta ocasión-, ha recuperado el tono de las primeras campañas añadiéndolas además el aliciente de ir mostrándonos cada uno de esos supuestamente momentos claves de la trama, tantas veces sugeridos antes, a través de los ojos de los protagonistas. En esta campaña, Lost se ha permitido el lujo de analizarse a sí misma, de convertirse en un auto-homenaje a su mitología, sin ningún rubor. Se ha recuperado ese espíritu aventurero, se han recuperado las mejores versiones de los personajes, se ha recuperado el misterio, la tensión y la acción y sobre todo, se ha recuperado esa insana costumbre de sugerir siempre y nunca clarificar del todo nada. Una respuesta = dos nuevos interrogantes, es la lógica matemática de una serie que sigue volviéndonos locos a pesar de sus manías.

Perdidos, ya cerca de su final y de su esperada conclusión, ha vuelto a ser más que nunca lo que siempre ha intentado ser. Una gran interrogación, formada por muchas otras más pequeñas más o menos importantes, de la que ya queda muy poco para conocer la respuesta final. La solución total a esa sensación perpetua de que esto sí es en realidad una trama meditada cuidadosamente de antemano y cuya conclusión sus creadores conocían desde el principio. ¿Será realmente así? ¿Estará a la altura de todos estos años de tortura psicológica constante?. Lo sabremos dentro de un año.

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.