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Críticas

30 mayo, 2017

Crítica: GOOD, de Vicente Amorim

GOOD (Reino Unido – Alemania 2.009, 96 Minutos, Drama)
Dirección:
Vicente Amorim.
Guión: John Wrathall, sobre la obra de C.P. Taylor.
Reparto: Viggo Mortensen, Jason Isaacs, Jodie Whittaker, Mark Strong, Steven Mackintosh, Gemma Jones.
Fotografía: Andrew Dunn.
Música: Simon Lacey.

Valoración: 7/10

Sinopsis: En la Alemania de los años 30, con el nazismo en pleno auge, John Halder es un sencillo y respetado profesor universitario que, debido a una novela en la que aparentemente defiende la eutanasia, llama la atención de los altos mandos del partido. Embriagado por el éxito y por las ventajas que supone su nueva posición, y a pesar de sus débiles reticencias, John irá progresando poco a poco dentro de las SS.

Crítica: Para que el mal triunfe, lo único que tiene que ocurrir es que los hombres buenos no hagan nada. Así es el mal. Como el agua de un pequeño arroyo a la que, si no se le pone un buen dique, termina encontrando un resquicio por el que pasar y termina convirtiéndose en un torrente imparable. Y esos hombres buenos, callados e indiferentes, en una gota más de esa destructiva ola. El mal no se frena, hay que pararlo. Sobre esta perturbadora verdad se fundamenta Vicente Amorím para desarrollar Good, inquietante retrato sobre la culpabilidad que levanta la indiferencia y la ambigüedad en los hombres, aparentemente buenos. Porque… ¿puede una buena persona convertirse en parte del sistema más destructivo y despreciable de la historia de la humanidad? Por supuesto. Lo único que tiene que hacer es nada. Simplemente dejarse llevar. Cerrar los ojos. O no. Taparse los oídos. O tal vez no. Pero ante todo, no decir nada, no criticar nada, no hacer nada. No levantar la voz, no llamar la atención, ser bueno. Good recuerda en cada minuto de su metraje a aquel famoso poema de Brecht, verdad indiscutible que en apenas unas líneas retrató el mayor mal de una sociedad profundamente cobarde. El egoísmo, el miedo, la falta de empatía por el sufrimiento ajeno y, finalmente, la colaboración en un exterminio para salvar el pellejo propio. O, sin ser tan dramáticos, para salvar el coche propio, la casa propia, el estatus propio y conseguir así la aprobación de los que mandan. Si no puedes con ellos, únete. Al fin y al cabo, no es tan terrible que quemen libros mientras los hayan escrito otros. Ni que se cercenen derechos si son los de otros. Ni que se extermine sistemáticamente a gente, mientras sean los seres queridos de otros. Porque esa es otra característica del mal. Que evoluciona, no se detiene. Comienza con la página de un libro ardiendo, y termina quemando carne y huesos. Good, con un Amorím sobresaliente en el uso de la elipsis y un Viggo Mortensen dando un paso más hacia la inmortalidad, descubre el miedo que suscita no ser parte de la mayoría, no ostentar el poder, no ser parte de la élite. El miedo que despierta percatarse que se forma parte de una minoría perseguida, marcada como objetivo y despreciada. El miedo terrible de tener que tragarse las ideas, apuntarse al bando de los que mandan y asentir a todo con una teatral sonrisa de buena persona.






3 Comentarios


  1. iris

    Decepcionante, lenta, sosa y aburrida. Viggo mortensen y su personaje resultan insípidos y vacíos.


  2. Jose Angel

    Creo que la opinicón anterior es excesiva. Desde una posición moralizante y aleccionadora el personaje de Vigo parece perdido, pero creo que refleja muy bien el desconcierto de alguien que prefiere no saber, alguien que le conviene dejarse llevar por la corriente, hasta que la corriente le empuja hasta perder por completo a un amigo y darse de bruces con un campo de exterminio. Pero, ¿era necesario llegar hasta ese punto para comprender lo que estaba pasando?



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