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Televisión

12 diciembre, 2017

Sobre el episodio piloto de VIRTUALITY

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Escrito por: Pablo Gutiérrez
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En unas cuantas décadas los científicos de la Tierra postularán que, debido a una serie de horribles catástrofes medioambientales, el planeta dejará de ser habitable en menos de un siglo. Debido a esta apocalíptica predicción, una tripulación formada por doce expertos en diversos campos, se dirigirá en una nave conocida como Phaeton hacia una lejana estrella que podría ser el nuevo hogar de la humanidad. Sin embargo, el largo viaje de diez años de duración requiere, en beneficio de la cordura de sus tripulantes, la instalación de un sistema de realidad virtual en la nave, gracias al cual los astronautas podrán sumergirse en cualquier escenario para escapar así de las paredes metálicas de su reducto. El problema llega cuando un extraño virus ataca al programa, jugando con la mente de la tripulación y amenazando con provocar graves altercados en la convivencia diaria. Mientras, todo es transmitido a la Tierra en el reality show definitivo, que mostrará la vida en la nave a toda la audiencia del planeta.

Antes que nada una advertencia. Esto es todo lo que hay. Un sólo episodio piloto. Y nada más. Virtuality, que estaba llamada a ser una de las grandes nuevas series de la próxima temporada televisiva, ha nacido muerta. Fox, que podría definirse como una cadena que une lo mejor y lo peor de la tele, fue capaz de invertir una pasta gansa en este episodio y decidir que eso era todo. Que no compraría más capítulos, ni invertiría en una temporada completa, ni estudiaría otros formatos para su continuación. Empezó y terminó. Visto y no visto. Se fini. Ahora la cuestión es si el final de Virtuality responde a ciertos criterios básicos de calidad. ¿Tan mala es la serie como para ser fulminada de esta forma? ¿Tan lejos queda de sus expectativas?

Virtuality no es en absoluto una mala serie. O no lo habría sido, hablando con propiedad. Para empezar, la producción de la serie es notable, recreando con gran éxito el escenario principal. La Phaeton, que habría sido la descendiente de Galactica en esto de grandes naves televisivas, es todo lo contrario de aquella. Si los creadores de la estrella de batalla la concibieron como una lata de guerra, sucia, dura, fría y oscura; esta es moderna, prístina, inmaculada y, por supuesto, no menos opresiva. Digamos que la Phaeton es la versión chill-out de Galactica, con todo muy ordenado y una decoración basada en el feng shui, que traslada el plató de Gran Hermano al espacio sideral.

El reparto tiene una calidad sobresaliente, al menos en lo que a caras conocidas se refiere. El protagonismo recae en Nikolas Coster-Waldau, al que vimos en la fracasada New Amsterdam. Sienna Guillory, aparecida en filmes como Resident Evil o Eragon, se hace con el protagonismo femenino, mientras que James D’Arcy (Master and Commander) es el particular Doctor Baltar de la Phaeton. Por ahí también se cuela la polivalente y versátil Clea DuVall, una actriz totalmente camaleónica que siempre logra dar a sus personajes lo que necesitan. Todo el reparto cumple a la perfección, metidos en unos personajes que sin ser excesivamente llamativos, sí logran captar cierto interés sobre todo con el desarrollo de las relaciones con sus compañeros, algunas realmente sorprendentes. Por cierto, que la tan cacareada relación gay de la nave pasa del todo desapercibida, tal vez porque el público ya es lo suficiente maduro (y esperemos que también tolerante) como para no escandalizarse con esos factores.

El tercer gran punto de la no-serie son sus guiones. Supuestamente aquí llegaría el pero, teniendo en cuenta que tanto producción como reparto están a una digna altura. Y ciertamente, aquí podría estar el factor determinante que ha convencido a Fox para que pare el proyecto. ¿Son malos los guiones? En absoluto. Pero tienen una gran tara. Son demasiado complejos. Tal vez no en este episodio -aunque cuenta con unos giros cuando menos chocantes-, pero terminarían por serlo. Los creadores de la complejísima trama de Galactica apuntaban en Virtuality a una no menos intrincada. La salvación del mundo por una parte, el virus y la realidad virtual por otra, las relaciones entre los personajes, el reality show, la humanidad moribunda, los recuerdos del pasado… todo demasiado complicado. Demasiados detalles, datos, giros… Demasiados sentimientos encontrados, demasiados conflictos, demasiada profundidad… Todo muy extermo como para cautivar a una cadena que opta por otro tipo de formatos, más directos, sencillos y fáciles de explotar entre el gran público.

Virtuality no es un gran fracaso, pero tampoco es un éxito memorable que vayamos a echar de menos. Este piloto está bien dirigido, intepretado y ambientado, y logra por momentos cautivarnos con algunos aspectos de su trama y con el brutal desarrollo de las relaciones entre sus personajes. Pero tampoco es esa serie arrolladora, impactante e imprescindible que esperábamos los huérfanos de Galactica. Así que salvo por sorpresa mayúscula, para bien o para mal, nos quedamos sin uno de esos títulos que se habían convertido desde su anuncio en un must see y que se ha quedado finalmente en una misión fallida.






2 Comentarios


  1. erick

    Entonces en que quedamos la vemos o no??


  2. Pues teniendo en cuenta que esto es todo, verla es un poco pérdida de tiempo. Sobre todo si no es para publicar una reseña en un blog :D



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