INGLOURIOUS BASTERDS (Estados Unidos – Alemania 2.009, 153 Minutos, Bélica)
Dirección:
Quentin Tarantino.
Guión: Quentin Tarantino.
Reparto: Brad Pitt, Diane Kruger, Melanie Laurent, Christoph Waltz, Daniel Bruhl, Eli Roth, Samm Levine, B.J. Novak, Til Schweiger, Gedeon Burkhard, Paul Rust, Michael Bacall, Omar Doom, Sylvester Groth, Julie Dreyfus, Jacky Ido, August Diehl, Martin Wuttke, Richard Sammel, Christian Berkel, Sonke Mohring, Michael Fassbender, Mike Myers, Rod Taylor, Denis Menochet, Cloris Leachman, Maggie Cheung.
Fotografía: Bob Richardson.
Música: Varios autores.

Valoración: 7/10

Sinopsis: En la Francia ocupada por el tercer Reich opera un grupo de soldados aliados conocidos como “los Bastardos”. Su misión es causar el terror en las filas enemigas gracias a la enorme crueldad de sus métodos. En Francia también intenta sobrevivir Shosanna, una joven judía que tras presenciar como el malvado coronel Landa acababa con su familia, finge ahora ser la propietaria de una sala de cine. El destino de los Bastardos, el de Shosanna y tal vez el de la guerra se cruzarán en “La Noche Alemana”, un show especial en el que se estrenará la esperada película pronazi “El Orgullo de la Nación”. Todo tendrá lugar en la sala que regenta la joven y a la premiere acudirán los más altos cargos del Reich. Una oportunidad perfecta para que los Bastardos corten la cabeza del ejército alemán de una vez por todas y Shosanna pueda vengarse del hombre que mató a su familia.

Crítica: Llega el Emperador con sus partes nobles (más nobles que las de los demás, supongo) al aire, y muchos ensayan ya los piropos hacia su nuevo e invisible vestido. Las críticas que recibe el cine de Quentin Tarantino recuerdan a veces a las de esas muchedumbres perplejas y desconcertadas ante un lienzo pintorrojeado, que sólo comienzan a halagar cuando entre los borratajos vislumbran la ilustre firma de su insigne autor. Tarantino rodó dos filmes enormes, inolvidables y dignos de toda adulación, y desde entonces tiene un innumerable séquito que le ríe cualquier gracia. Entre los nuevos poderes de Tarantino tras ser rebautizado como el “regenerador del cine actual” están la capacidad de hacer lo que le sale de las citadas partes sin tener que responder ante nadie, recibir de forma automática todo tipo de agasajos sin importar demasiado la calidad de la obra en cuestión y permitirse el ya habitual autobombo exclusivo de aquellos a los que la gran mayoría (incluyéndose, tal vez en primer lugar, ellos mismos) considera genios. Con el nombre de Tarantino en cartel, muchos sacan brillo a las cinco estrellas sin pararse a juzgar sus obras como si fueran las de cualquier otro. Otro enorme poder de Quentin Tarantino es que cada vez que presenta una película se termina hablando más de él y de sus dos obras maestras, que de la cinta en cuestión. Circunstancias de lo divino, supongo. Dejemos por tanto al Dios, saliéndonos de madre, y hablemos por fin de Malditos Bastardos. Gran virtud de la película: sus actores. Y, para qué negarlo, los papeles escritos, de puño y letra, por Quentin Tarantino para cada uno de ellos. Schweiger acojona, Fassbender cautiva, Kruger seduce, nuestro Bruhl se reivindica, Melanie Laurent convence y Brad Pitt se divierte con frescura y consciente de lo paródico de su antihéroe. Y luego está el protagonista de la película, que no es Pitt, sino un gigantesco Christoph Waltz que construye, apoyado en el genial texto de Tarantino, un villano antológico. Lástima que muchos de esos nombres sean sólo eso, nombres en un cartel cuya participación real es puramente anecdótica. Gran tara de la película: Quentin Tarantino es su fan número uno y un enamorado de sí mismo. Por eso, Malditos Bastardos son apenas siete escenas (o capítulos) de duración desorbitada en las que el cineasta se esfuerza por constatar el ya famoso barroquismo de sus diálogos camuflado en un trasunto del genial Sergio Leone. Toda la acción bélica con la que se anunció Malditos Bastardos está concentrada en el trailer, ya que el resto de la película son eternos devaneos cuya conclusión anticipamos desde el comienzo. Sabemos lo que va a ocurrir, pero Tarantino insiste en postergarlo durante veinte minutos más para que admiremos la agilidad de su pluma y la precisión de su cámara. Maravilláos, mientras los minutos pasan… El resto, como de costumbre, es el excesivo barroquismo verbal que ya sufrimos en la agotadora Death Proof, con notables puntos de genialidad que logran rescatarnos del sopor generalizado. Entre ellos ese pirotécnico final, que por alocado y superlativo adivinamos como lo mejor de la película junto con el magnífico Waltz. Por el resto, Tarantino empieza a merecerse un par de buenas collejas. Más que nada para librarle de la atracción magnética de su propio ombligo y para que vuelva a ser el genio Auténtico de sus comienzos. Él puede. Para eso es Quentin Tarantino, ¿no?. 

Estreno en España: 18 de Septiembre.

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.