Elena Gilbert, otrora popular y alegre, intenta sobreponerse a la reciente pérdida de sus padres y no mostrar su tristeza a sus compañeros de instituto en el comienzo del curso. Durante el inicio de las clases conoce a Stephan, un nuevo alumno del que pronto se siente atraída. Lo que Elena no sabe es que Stephan es en realidad un vampiro que la busca por su similitud física con una antigua amante. Stephan, renegando de su propia raza, intenta integrarse entre los humanos para cautivar a Elena. Pero no todos los de su especie son así. Su hermano Damon, un poderoso y maligno vampiro, llega al pueblo con la intención de hacer frente a Stephan y arrebatarle a Elena. La lucha entre ambos alterará las vidas de Elena y sus conciudadanos.

Los estudiosos de lo paranormal deberían apresurarse y documentar el evidente caso de percepción extrasensorial y telepatía entre las escritoras Stephenie Meyer y L.J. (Lisa Jane) Smith. La similitud entre sus obras es, o producida por este fenómeno sin explicación científica o, simplemente, muy sospechosa. ¿Plagio simultáneo? Ahí queda eso. Con el éxito de la primera en la gran pantalla gracias a la mediática (y cansina) Crepúsculo, y el gran seguimiento logrado por True Blood, también con colmillos de por medio en la pequeña, la gente de CW logró sumar dos y dos y optó por producir The Vampire Diaries, serie basada en las novelas de L.J. Smith cuyo (esperado) piloto salió este pasado día 10.

Siendo rápido, franco y poco sutil, se podría calificar este episodio piloto como un Crepúsculo remezclado con la parte más superficial de Melrose Place (o sea, la mayor parte), o una True Blood sin chicha, sin sangre y sin tetas. Si Crepúsculo como filme no lograba altas cotas de calidad, la comparación con estas Crónicas Vampíricas la convierte en una obra maestra. Si True Blood es tramposa y a menudo demasiado bizarra, esta la supera por creces en artificio. En The Vampire Diaries no falta de nada. Tenemos el pequeño pueblo perfecto norteamericano en el que no pasa gran cosa, la chica guapa, dulce, y atribulada, la animadora también guapa pero superficial y estúpida (si la prota es morena, esta es rubia para evidenciar sus diferencias), la mejor amiga negra con poderes mentales (con un par, Sookie Stackhouse), el chico malote taaaaan guapo que paraliza a sus hiperhormonadas compañeras y que pese a su aspecto rudo es un buenazo de gran corazón, el chico malote taaaaan guapo que no importa que cometa todo tipo de tropelías, el hermano menor que vende drogas para superar la pérdida de sus padres (claro, normal), los clásicos lugares comunes (el insti, el bareto para estudiantes, la casita de los protagonistas, el cementerio, la fiesta nocturna)… todo aderezado por una estética rosa pastel hiperazucarada y un persistente acompañamiento musical seleccionado, aparentemente, por Hanna Montana en medio de una fiesta lisérgica con las mascotas Disney.

Tampoco faltan actores cercanos a la treintena que pretenden hacerse pasar por adolescentes ni, por supuesto, actores que superan la treintena que se ven en la misma situación. La preciosa Nina Dobrev (probablemente lo único visible de este piloto) intenta tirar del carro y sin ser la suya una interpretación apoteósica sí resulta más convincente que las caras de circunstancias de Wesley o la permanente sonrisa pero-qué-malo-soy que luce el supuestamente cabronazo de Somerhalder. Siendo este el piloto, en el que se supone que el impacto tiene que ser extraordinario a todos los niveles, pero especialmente en el narrativo, tampoco sucede gran cosa. O al menos lo que sucede no nos sorprende tanto al parecerse sospechosamente a otras cosas recientemente visualizadas (que no disfrutadas). Elena, con voces en off mientras escribe su diario en sitios tan estrafalarios como las tumbas de sus padres, nos habla de su humor bajonero (conclusión: la tristeza es mala y puede contagiarse, mejor sonreir mucho) y de cómo espera que le levante pronto el ánimo el encuentro de un machote en su nuevo curso. Tras sernos presentada su inseparable amiga afroamericana con superpoderes y a la pseudoperra (lo sería de verdad si la serie no fuera tan flojita) animadora, entra en juego Stephan para satisfacer todos sus deseos. Media hora de flirteo después hace su aparición Damon, para meterle un par de hostias a Stephan, espabilarle la torrija y demostrarnos lo malo que es. 

Todo muy en la línea del canal, generador de productos teeenagers del mismo pelo como Supernatural, Smallville, Gossip Girl (esta, tal vez, guilty pleasure para adultos), 90210 o, toma ya, Las Chicas Gilmore.  Lo peor de todo esto es que pese a muy mal que suene, todo apunta que continuará. Aunque se trate de uno de los peores pilotos vistos en tiempos o, al menos, el más exclusivo para su público target (sólo recomendable para adolescentes no diabéticos), nadie duda que por su temática la serie saldrá adelante por mucho que ya huela a muerto. 

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.