El impactante cierre de campaña de House M.D. provocó una auténtica oleada de alabanzas y comentarios en la red. No era para menos, ya que aquel final dejaba las puertas abiertas a un giro profundo y definitivo en una serie que pese a su enorme calidad, empezaba a dar sutiles muestras de agotamiento. Esa brutal y osada conclusión lograba hacer olvidar todos esos problemas que padecía la serie, elevando las expectativas por la nueva temporada hasta límites insospechados incluso para una serie estrella como House M.D. La gente no solicitaba tan sólo algo de calidad, un aspecto que el show cumple habitualmente con gran solvencia, sino algo diferente, distinto, tal vez único dentro de la larga lista de genialidades de esta tragicomedia.

Este es el terreno más inexplorado para House M.D., una serie cuya (gran) innovación puede que terminara en el mismo momento de su concepción y en la que sus responsables viven probablemente demasiado aferrados a su status quo. ¿Si algo funciona, para qué cambiarlo? puede que pensaran. Sin embargo, para este nuevo desafío se han soltado la melena llenando de cambios estos dos capítulos y rechazando el formato habitual de la serie. Estos dos primeros episodios, que tal vez se podrían titular “House voló sobre el nido del cuco”, funcionan como una perfecta unidad, un pequeño filme escindido del show nodriza y que sin embargo prometen alterarlo para siempre.

House aparece más demacrado, con el pelo más corto, más barba y tan cabrón e infeliz como siempre, aunque las cuatro paredes de su nueva residencia y sus nuevos compañeros prometen intentar cambiar esos aspectos. Los títulos de crédito desaparecen integrándose en una grandiosa presentación. Del reparto original sólo sobrevive en Robert Sean Leonard que aparece apenas unos segundos, siendo sustituido el elenco de la serie por nombres tan interesantes como Franka Potente o Andre Braugher. No hay caso médico y el paciente es el propio House, acompañado de otros compañeros aún más dañados que él con los que tiene que convivir. Se mantiene el tono tragicómico del original, combinando escenas descacharrantes y diálogos punzantes, con otras emocionantes, cautivadoras y muy sentimentales.

House sufre, House hace sufrir, cautiva, apasiona, ama, odia y repulsa. En estos dos capítulos el típico “desmontando a House”, proceso permanente en la serie, se lleva a una nueva dimensión más directa y brutal, con la intención de cambiar por fin al desgraciado médico y con él a la propia serie. House cambia y House M.D. promete cambiar, o al menos eso es lo que se desprende de este puñetazo en la mesa, brillante y vibrante, con un House más y menos House que nunca y cuyo final es uno de esos momentos intensos, emotivos, emocionantes que hacen a esta serie en algo único. Sin duda un gran comienzo, por encima de las enormes expectativas, que anticipa -esperemos- grandes cambios mejoras en esta gran serie y, quien sabe, si un final de altura. Marca de la Casa.  

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.