2012 (Estados Unidos 2.009, 158 Minutos, Drama)
Dirección:
Roland Emmerich.
Guión: Roland Emmerich, Harald Kloser.
Reparto: John Cusack, Amanda Peet, Chiwetel Ejiofor, Thandie Newton, Oliver Platt, Thomas McCarthy, Woody Harrelson, Danny Glover.
Fotografía: Dean Semler.
Música: Harald Kloser.

Valoración: 4/10

Sinopsis: Jackson es un escritor fracasado que intenta sacar adelante su relación con sus hijos después de que su mujer lo abandonara por otro hombre. Durante una visita a un parque natural conoce a Charlie, un paranoico que le habla sobre el fin del mundo, un evento que los mayas predijeron situándolo en el año 2012. Sorprendentemente todo lo que Charlie contó empieza a cumplirse cuando una serie de catástrofes naturales sacude el planeta. Angustiado, Jackson intentará poner a salvo a su familia antes de que la profecía se cumpla y sea demasiado tarde.

Crítica: Roland Emmerich concibe el fin del mundo como un parque de atracciones lleno de explosiones, huídas al límite y gritos de terror y júbilo. Su filmografía (sembrada de chorradas con grandes resultados en taquilla) podría ser vista, y tal vez mejor apreciada, si el respetable estuviera subido en montaña rusa o atracción similar, siempre captando de reojo la imagen y disfrutándola mejor a través del movimiento antinatural de las propias vísceras. 2012 supone para Emmerich la culminación a su persistente obsesión en terminar con el mundo y la raza humana logrando que el caos y la muerte luzcan bien en pantalla. El exceso es de nuevo su arma pesada, haciendo uso constante de unos llamativos y trabajadísimos efectos especiales que contrastan de forma abismal con un guión simple y tópico, lleno de estereotipos que evolucionan de forma obvia siguiendo los supuestos deseos básicos del espectador: los personajes carismáticos sobreviven, los nobles eligen el honorable sacrificio y los que caen gordos obtienen una muerte horrenda. Sin excepciones. En su apocalipsis – espectáculo, Emmerich alterna escenas de vistosa destrucción con otras de puro melodrama, pasando sin escalas del chascarrillo a la lágrima fácil, apostando por la grandilocuencia visual e ignorando la más mínima calidad del texto, incapaz de sorprender o emocionar en ningún momento. Para Emmerich, el cataclismo es un monstruo al que presenta al acecho primero, cual Tiburón y desbocado después, al estilo Godzilla, contra un elenco desorientado, difuso y patidifuso al que le sobran gracietas y le falta brío. Todos ellos contemplan acongojados la destrucción a su alrededor mientras sacan conclusiones de parvulario sobre lo mucho que han desperdiciado sus vidas hasta ese momento, lo mala que es la élite sociopolítica y lo buenos que somos los humanos cuando necesitamos algo de los demás. De la tan cacareada tensión, ni rastro. Primer acto de calentamiento (nunca mejor dicho), presentación y explicación pseudocientífica, repetitivo segundo acto cargado de fuegos de artificio (Emmerich incluso repite por tres veces consecutivas la misma escena) y para terminar, otra taza de lo anterior aderezado de vacua moraleja. Extenso metraje para contar más bien poco, tras el cual le llega a Emmerich un gravísimo problema. Su obsesión ha tocado techo. Ya no le queda nada por destrozar ni por tanto tampoco que contar en sus próximos proyectos. ¿Qué será ahora de un Roland falto de nuevas metas? Aunque… ¿para qué hacer planes? El fin está cerca.

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.