Quentin Tarantino es un director superlativo, revolucionario, genial, visionario, cuasiperfecto, másquehumano. Una de esas personas que cuando hace una chorrada se le califica de extravagante, que cuando se mofa de otros, insulta o suelta la lengua, se le atribuye una gran personalidad, que cuando falla estrepitosamente se explica su error con un candoroso y angelical “él también es humano”. Su poder e importancia son tales que, empeñado continuamente en figurar más que sus películas, cada palabra que sale de su boca se convierte en noticia. Por eso la noticia del día, sin lugar a dudas la más notable de todas, es que a QT le apetece dirigir un western. No hay guión, no hay proyecto, no hay actores, ni estudio, ni productores… nada. Es sólo que a Quentin le apetece. Y lo ha contado. Nada más. En la película que sólo está en la mente del señor Tarantino, un western que será sin duda espectacular, extraordinario y bellísimo, la cosa no va de indios y vaqueros, sino de esclavos. Esclavos en el oeste, un tema que, razón tiene, ha pasado de puntillas por el género. Quentin Tarantino repararía ese agravio y llevaría a cabo un espaguetti western, en plan aventura, todo muy divertido, en el que los esclavos tratan de huir de sus amos en un mundo regido por la violencia, la fiebre del oro y la mano que mejor maneje un Colt Peacemaker.

Postdata: Que sepa el señor Tarantino, que la idea es buena pero llega tarde. ¿Piensan los genios igual? Uno, que hoy está crecido.

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.