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Revista Online del Entretenimiento Audiovisual


Televisión

18 diciembre, 2017

Reseña TV: WALLANDER, Primera y Segunda Temporada

WALLANDER  (BBC, Serie, Primera y Segunda Temporada, 2×3 Capítulos Emitidos con Kenneth Branagh, Sarah Smart, Sadie Shimmin, Richard McCabe, Jeany Spark, Tom Hiddleston, David Warner, Tom Beard, Polly Hemingway. Creada por Philip Martin, Niall MacCormick sobre las novelas de Henning Mankell.)

Kurt Wallander es un inspector de policía la ciudad de Ystad (Suecia) que lidera un grupo de investigación especializado en homicidios. Su profesión le lleva a investigar los crímenes más sórdidos del lugar, algo que realiza con gran habilidad gracias, en parte, a su espíritu obsesivo y a su capacidad de observación. A las complicaciones de su trabajo se suman las de su propia personalidad, siempre tendente a la depresión, un padre que empieza a hacer frente a la enfermedad de Alzheimer y una hija en la constante indecisión propia de su edad.

Kurt Wallander es más un ser humano que un personaje de ficción. Wallander llora, sufre, se deprime y se encabrona. Se obsesiona con facilidad, acusa de forma enfermiza la maldad que le rodea y empatiza , tal vez demasiado, con las víctimas de los crímenes que investiga. A veces, pocas, también ríe. Kurt Wallander es un lobo solitario obligado a trabajar en equipo. Un adicto a su trabajo, más por cabezonería, insistencia y sentido del deber que por pura pasión.  Wallander habla poco y le da demasiadas vueltas a la cabeza. Duerme fatal. Cuando no tiene un misterio en mente, en ella están un padre enfermo y una hija que empieza a abrazar la independencia. Wallander no es un listillo, ni un genio, ni un tipo excesivamente carismático.  Kurt Wallander es un tipo normal atrapado en una novela de detectives.

En otro tiempo este personaje complejo y muy bien retratado por un genial Kenneth Branagh, no habría desentonado en una televisión poblada por detectives de placa oxidada, ojeras y camisa arrugada. Hoy en día, Wallander es la excepción entre tipos con gran personalidad, habilidades infinitas y poderes sobrenaturales. En Wallander impera la verosimilitud. Los casos son creíbles y cercanos, y su resolución es fruto del trabajo y la constancia lo que hace, contradictoriamente, su impacto mayor. Su formato, de tres filmes autoconclusivos de hora y media por temporada colabora de forma determinante a la hora de crear una narración casi novelesca sin que chirríe enclaustrada dentro de la pequeña pantalla, más habituada al ritmo salvaje, al dinamismo y al cliffhanger. La serie de BBC prescinde de artificios y cautiva por otras sencillas, aunque contundentes razones.

Wallander es sobria y austera, pero también precisa y elegante. Técnicamente es impecable, con una soberbia realización, un máximo aprovechamiento de unos escenarios fantasmagóricos y cautivadores, un apropiado acompañamiento musical y la que es, probablemente, la mejor dirección de fotografía de la ficción televisiva planetaria. Esa luz mortecina casi hiriente, esos campos de flores de un amarillo brillante, esas playas de arena negra bañadas por un sol agónico son ya el inconfundible sello estético de la serie. Wallander es un show exquisito, que aprovecha con maestría hasta el último de sus recursos y que camina por una senda propia, alejada sin rubores del glamour, el exceso y el crimen como elemento lúdico de la trama. En Wallander, como en la vida real, la muerte deja huella.     






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