ESPARTACO: SANGRE Y ARENA (SPARTACUS: BLOOD AND SAND, STARZ, Serie, Primera Temporada con Andy Whitfield, Manu Bennet, John Hanna, Lucy Lawless, Jai Courtney, Viva Bianca, Lesley-Ann Brandt, Craig Walsh Wrightson, John Mensah, Craig Parker, Nick Tarabay, Erin Cummings, Katrina Law. Creada por Steven S. DeKnight.)

Tras ser traicionado por el legado romano Claudio Glabro y vendido como gladiador al ambicioso Batiato, el esclavo conocido como Espartaco deberá alcanzar la libertad para recuperar así a su esposa Sura, esclavizada como él tras su captura. El tracio se mostrará en un principio reticente a aceptar las circunstancias de su nueva condición, pero pronto comprenderá que el único camino hacia Sura será convertirse en el campeón de Capua, título que ostenta su mayor rival, el orgulloso galo conocido como Crixo. Mientras, lejos de la arena, las maquinaciones de sus amos  afectarán de forma determinante a sus vidas, interponiéndose en la ansiada reunión de Espartaco con su esposa.

La reseña sobre el espantoso episodio piloto de Spartacus abrió, para mi sorpresa, un encendido e interesante debate en los comentarios. Al parecer hubo quien interpretó las críticas hacia su tratamiento de la violencia y el sexo como un ejercicio de rancio puritanismo y un alegato a la censura. Admito con sincera humildad mi parte de culpa en el malentendido y abordo este nuevo post con la intención de dejar ahora del todo claras mis opiniones al respecto. El episodio piloto de Spartacus: Blood and Sand no era un espectáculo lamentable por mostrar sexo y violencia, sino por su excesivo, ridículo y contraproducente tratamiento de los mismos. Las escenas de sexo y el uso de la masacre que aparecía en aquel episodio eran deliberadamente lúdicos y gratuitos en la que parecía, por aquel entonces, una historia con cierto gancho pero con referentes de calidad inalcanzable. Ese casposo aspecto visual, sus litros de sangre pastosa y su pseudoporno a cámara lenta afectaba de forma fulgurante a las posibilidades de tomarse en serio el show, que pasaba a convertirse en un inconfesable placer culpable que jamás aspiraría a ser nada más. ¿No sería mejor serie Spartacus con unos escenarios más realistas, un tratamiento de la violencia más crudo y verosímil, una realización más sobria y unos actores menos acomodados? Sin duda. Pero eso generaría dos problemas que no puede permitirse: perdería su inconfundible identidad y, en consecuencia, también a gran parte del público al que ha conseguido enganchar.

El caso es que después de todo Spartacus no es la catástrofe que anunciaba su piloto y, aunque sigue persistiendo en los mismos errores, muestra para sorpresa de algunos -sí, me incluyo, también para mí- valores de los que carecen otras series de supuestamente mayor pedigrí. Anuncia Starz su show -lo podéis comprobar en la imagen que acompaña al post- como una obra osada, y realmente lo es. Pero no por meter con calzador el decapitamiento o el desnudo frontal de turno, insalvable impuesto que se obliga a pagar en cada episodio, sino por su extraordinaria falta de respeto hacia su status-quo. Spartacus cambia continuamente, avanza sin temores y no le tiembla el pulso a la hora de alterar o simplemente destruir las estructuras más elementales de su historia. Cambian motivaciones, mueren personajes principales y varía el contexto ante nuestros asombrados ojos, incapaces de creer que esta serie, en teoría zafia y vulgar, muestre semejante valentía cuando otras, ganadoras de múltiples premios, aclamadas por la crítica y adoradas por la audiencia, se duermen en los laureles de su fastuosidad relatando una y otra vez la misma historia. Spartacus no engaña a nadie, avanza con paso firme y proporciona un entretenimiento sin rival en la televisión actual.

Cada episodio se convierte así en una experiencia de impredecibles consecuencias, que cuenta además con una innegable habilidad para pulsar los catalizadores de nuestros bajos instintos. Los gladiadores siguen igual de salvajes y musculados, las mujeres igual de bellas y ligeras de ropa y la sangre continúa manando a raudales, en especial en el espectacular episodio final de la temporada. Con el paso de los capítulos hay momentos en los que sus realizadores parecen empezar a distinguir la fina línea que separa al exceso de la potencia, con escenas de gran fuerza -como ese explosivo polvo de las máscaras- que se alternan, desgraciadamente, con otras aparatosas y vergonzantes. Hay personajes trabajados que despiertan gran empatía que comparten protagonismo con otros que rozan, sin proponérselo, la más triste autoparodia. Hay instantes de gran intensidad dramática y acertados diálogos que dan paso a frases lapidarias y situaciones inverosímiles. Da la impresión de que es ya tarde para que Spartacus cambie, para que se convierta en algo mejor, rechazando su cuestionable concepción del estilo y apostando por la moderación, pero el caso es que nosotros, su público, tampoco se lo pedimos. Spartacus, como ocurre con otras, nos atrae por cómo es. No es una buena serie pero sí una adicción cada vez más generalizada que, en contra de lo esperado, ha mostrado una interesante virtud. Ese apasionado valor del que lucha contra gigantes a los que sabe que no puede vencer, pero que a los que pesar de todo hace frente. 

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.