KTARSIS
Revista Online del Entretenimiento Audiovisual


Televisión

25 septiembre, 2017

Reseña TV: CALIFORNICATION, Tercera Temporada

CALIFORNICATION (CALIFORNICATION, SHOWTIME, Serie, Tercera Temporada con David Duchovny, Natasha McElhone, Madeleine Martin, Madeline Zima, Evan Handler, Pamela Adlon, Embeth Davidtz, Diane Farr, Peter Gallagher, Eva Amurri, Kathleen Turner. Creada por Tom Kapinos.)

Los problemas para publicar su última novela ponen al hedonista y decadente escritor Hank Moody frente a una situación económica precaria. Para su fortuna la madre de la nueva mejor amiga de su hija es maestra de literatura en una prestigiosa universidad y le ofrece un puesto semestral como profesor de escritura. De la noche a la mañana Moody se verá como inesperado docente, aunque su peculiar personalidad no tardará en hacer mella entre sus estudiantes y volverá a meterle en continuos líos de faldas con sus nuevas compañeras y alumnas.

Como muchos otros personajes televisivos Hank Moody nunca cambiará. Puede que Californication sea el viaje del escritor por el aspecto más decadente y pervertido de la parte glam de Los Ángeles, pero en el fondo todos esperamos que la meta de esa aventura sea un Moody reformado, responsable y, por fin, feliz. Afrontémoslo, eso no va a ocurrir. Todo indicio de cambio en el personaje es mera ilusión. Hank Moody no puede permitirse cambiar porque para bien o para mal Hank Moody es Californication, y sin el Moody que todos conocemos, odiamos y admiramos, Californication no existe. Moody es por tanto el sacrificio humano que se debe ofrecer a cambio del seguimiento del público, de la tranquilidad de los productores, del futuro laboral del equipo y de la supervivencia interpretativa de David Duchovny, que tras desprenderse del tufillo de credulidad dejado por Fox Mulder durante años, llegó para impregnarse de alcohol y fluidos sexuales gracias a este tipo al que ya todos podemos considerar como un amigo más de la banda. Muchas veces le partiríamos la cara por gilipollas pero, para bien o para mal, no deja de ser uno de los nuestros.

En esta tercera temporada Hank vuelve a intentar salir adelante sin cagarla demasiado, pero como eso es pedir imposibles pronto su vida será igual de complicada que siempre. Moody, asimilado como una doble personalidad por un Duchovny magnífico, bajará de nuevo las bragas que tendría que evitar, pateará los culos que no debería y tomará las peores decisiones posibles. Moody es de nuevo irresponsable, inmaduro, tocahuevos, vago, ingenioso, divertido y muy infeliz, ya que tras esa fachada de player y de pasota carismático se revela como un auténtico adicto a la autodestrucción. En consecuencia Californication es otra vez polémica, sucia, llamativa, adictiva, frívola, superficial, cerda y muy divertida, y también a la vez sentimental y sorprendentemente profunda. Pero menos. Tal vez porque el impacto del sexo sin tabúes, de las palabrotas, de las famosas en pelotas y los diálogos cargados de mala hostia ya pasó, o tal vez porque en esta tercera temporada, que llega al fondo de la cuesta abajo que es la vida de Hank Moody, no cuenta cosas tan interesantes como pretende aparentar tras todo su impecable artificio. Hay capítulos de relleno, subtramas con más peso de lo debido y un trama principal cuya forma se zampa al fondo sin contemplaciones hasta el desgarrador capítulo final.

Por supuesto eso no supone un bajón significativo en la diversión que proporciona Californication. El enredo toma por momentos proporciones surrealistas (el episodio titulado El Apartamento es magistral en este sentido) y el show ofrece continuamente la nada común capacidad de sorprender gracias a su falta de miedos y escrúpulos para ponerse límites. Californication es una serie de extremos, en la que dos ladronas de escenas por motivos opuestos como Eva Amurri y la extraordinaria Kathleen Turner pueden convivir sin problemas, donde sexo y amor parecen conceptos opuestos pero se rozan con los dedos y donde Hank Moody, capullo general del reino, persona non grata universal, follador intrépido, bebedor persistente, vago y maleante, puede ser a la vez un amante despechado que de la noche a la mañana descubre que ya no le queda nada que perder.






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