El primogénito de una familia de exiliados rusos usará sus habilidades financieras para dañar el negocio de un mafioso que amenaza la vida de los suyos.


La idiosincrasia financiera se ha expandido hasta contagiarlo todo de frialdad, egoísmo y sentido pragmático. Todo es negocio, todos somos productos. La única distinción es entre perdedores y ganadores. Víctimas y verdugos.

McMafia refleja esta filosofía incluso en la concepción de su protagonista. Su progresiva conversión de hombre familiar a criminal despiadado, apela en un principio a obligaciones morales para derivar inevitablemente en una búsqueda insaciable por el poder. La hierática gestualidad de un encomiable James Norton, parece impregnar toda la obra hasta el punto que todo lo que sucede a su personaje se observa desde la misma distancia con la que él contempla las terribles consecuencias de sus actos.

Junto con la brillante concepción de su villano, este es el segmento más sólido de una temporada que exhibe un enorme potencial y una calidad incuestionable, pero en la que algunas subtramas parecen un acompañamiento prescindible que solo aporta más drama al conjunto. Su acertada puesta en escena, el destacado trabajo de su elenco y una narrativa sólida, no evitan una lejanía emocional que impide al espectador establecer vínculos con algunos personajes e integrarse en la historia.

McMafia dinamita la débil frontera que separa el capitalismo más voraz del crimen organizado para construir una nueva concepción del género. La mafia visceral y violenta, deja paso a la gélida aritmética de los negocios y su ímpetu globalizador. El viejo mundo agoniza y sus últimos reductos son sustituidos por hombres nuevos; bien educados, cosmopolitas y dotados de una innata capacidad predatoria.


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Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.