Una ex-atleta de élite descubre en la organización de exclusivas partidas de póquer una forma de hacer dinero rápido, aunque su actividad atraerá la atención de las autoridades.


Para su debut en la dirección, Aaron Sorkin apuesta sobre seguro. Molly’s Game es una película más de la prolífica picaresca americana, historias con moraleja final sobre individuos que deciden tomar un atajo hacia el Sueño Americano. Como sus muchas predecesoras, comienza con un periodo de mediocridad resuelto por una revelación, continúa con un ascenso imparable que deriva en un exceso de ambición y de ahí pasa a una rápida decadencia que concluye con cierto sentido de redención.

El filme no evita esta sencilla dinámica, pero la buena mano del guionista lo eleva a una categoría superior dentro del sub-género. Durante gran parte del texto Sorkin busca en el pasado de su protagonista, no sin cierta admiración, el origen de sus motivaciones. Este factor, junto con una Jessica Chastain a la que no se recuerda un mal trabajo, lleva al espectador a comprender a Molly Bloom y seguir su historia con interés.

Sin embargo, desde la dirección, Sorkin se limita a apoyar su texto con una labor solvente pero que carece de identidad. La sensación global es que el dinamismo de la historia no llega desde la cámara, sino desde el guion y el trabajo de sus actores.

 Sin renunciar a su famoso estilo, Sorkin compone una cinta notable que demuestra que tendrá que trabajar muy duro para que su faceta como director iguale a su fama como guionista.


Destacable

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.