Una limpiadora muda y solitaria, descubre un extraño ser cautivo en la instalación secreta en la que trabaja.


Guillermo Del Toro es un artesano que usa como materia prima nuestra experiencia común como espectadores. Sus mundos no se inspiran en la realidad, sino que imitan la visión idealizada que de ellos ha mostrado el arte.

En La Forma del Agua el mexicano no busca renovar los referentes de su particular estilo, sino que se obsesiona con llevarlo a su cenit. Todo desprende magia, sus protagonistas se encuentran en estado de gracia y su mensaje resulta conmovedor. La película enfrenta el amor desinteresado con un sombrío egoísmo, la tolerancia con el totalitarismo y, en definitiva, el Bien y el Mal.

Al concebir su filme como un cuento rodado, encaja sin demasiadas estridencias un discurso deliberadamente maniqueo y simplista que abraza su idealismo hasta tal punto que sus personajes no evolucionan en sus convicciones, sino que impulsan la trama perseverando en ellas. Aun mostrando momentos de humanidad, son sólo personajes con los que únicamente podemos compartir irrealizables sueños de celuloide. A pesar de su belleza, la película cautiva pero no maravilla. No busca impregnarse de vida, sino seguir siendo una sencilla fábula.

No se nos invita a formar parte de su mundo, sino a observarlo a través de un filtro de ficción que nos sumerge en nostalgia.


Brillante

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.