La malvada Hella ha vuelto para gobernar Asgard y Thor, el único capaz de detenerla, está perdido en un extraño planeta.


En su tercera entrega, Marvel extirpa la solemnidad de la saga Thor y lanza al Dios del Trueno a una montaña rusa de entretenimiento. La energía de Taika Waititi, imprescindible en la operación,  llena la película de humor, surrealismo, color y acción desbordante, en una apuesta por la diversión a la que se apuntan, haciendo gala de “vis cómica” y versatilidad, sus afamados intérpretes.

Bajo todo ese circo, Thor Ragnarok se permite tocar temáticas complejas como el impacto del militarismo en la sociedad, la importancia de la historia en la construcción identitaria de los pueblos o la responsabilidad de los gobernantes. También trabaja bajo un aparente pasotismo pero con irrefutable acierto las relaciones entre sus personajes y su costosa evolución hacia su destino.

Todo funciona si se le aplica la “Fórmula Marvel”, pero a la vez convierte lo que toca en algo cada vez más genérico. Sus héroes, todos ellos haciendo gala de un humor agudo y una impostada despreocupación ante el peligro, corren el riesgo de ser intercambiables y las cintas que protagonizan, de resultar productos de consumo rápido carentes de instantes memorables. Por el momento no parece preocupante mientras sigan venciendo al aburrimiento.


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Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.