Un joven monje irlandés, en compañía de un misterioso sirviente mudo, se adentra en territorio hostil para trasladar una valiosa reliquia a Roma.


Pilgrimage es el cine sensato que, consciente de sus limitaciones, solo aspira a la dignidad. No hay nada reprochable en su propuesta porque tampoco muestra nada que destaque.

Ante una evidente escasez presupuestaria, la película se acoge a la juiciosa estrategia de evitar una recreación histórica grandilocuente. Extirpa a sus personajes de entornos monumentales para arrojarlos a bosques, pantanos y caminos embarrados, los dota de una excusa para recorrer un mundo extraño que descubrir junto al espectador, centra su temática en el choque de un misticismo jerárquico y opresivo con un paganismo salvaje y montaraz, y muestra una violencia cruda como único método de resolución de los conflictos. Logra además enrolar en su causa a actores de prestigio y experiencia cuya aparición eleva su calidad y, sin duda, su capacidad para atraer la atención del público.

El problema es que sus estrellas trabajan a menudo en el vacío. Los personajes, en especial su villano, son dolorosamente planos y los caminos que recorren demasiado familiares. Las interpretaciones son decentes, pero no memorables. La puesta en escena es correcta, pero no cautivadora. La historia, interesante pero nunca imaginativa.

Pilgrimage hace de la aceptación de su humildad su principal valor. Su mayor pecado es no aspirar a más.


Aceptable

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.