Jessica Jones inicia una investigación sobre el origen de sus poderes, lo que la llevará a enfrentarse a un doloroso acontecimiento de su pasado.


¿Por qué sufre Jessica Jones? ¿Por qué está siempre alcoholizada, es promiscua, dice palabrotas y trata fatal a la gente? ¿Por qué no se pone unos leotardos como toda buena superheroína?

En teoría, conocíamos la respuesta. Un ladino psicópata británico destruyó su inocencia y la apuntó a perpetuidad al club del nihilismo. El Hombre Púrpura siempre estará ahí, apuñalando el alma torturada de nuestra investigadora, pero resulta que hay más traumas encerrados en el baúl de los recuerdos.

Parece que después de ciertos deslices, ni Marvel ni Netflix están para experimentos. Mejor repetir una fórmula que funciona, que iniciar aventuras hacia lo desconocido. Y si hay que marcarse de nuevo un “Dexter” convirtiendo a la estrella del show en un piñata emocional, se hace a lo grande. Arrastrando por el fango su moral, obligándola a convivir cara a cara con la causa de su dolor, sometiéndola a una duda implacable y enfrentándola, una y otra vez, a una responsabilidad que nunca ha querido.

Así se sigue poblando de matices la psique de sus personajes para deleite de sus estrellas. Krysten Ritter vuelve a lucir un abanico infinito de registros, Janet McTeer compone una villana brutal y Carrie-Anne Moss apabulla en una subtrama tan personal que, salvo por la actriz, resulta accesoria y superflua.

Este nuevo repaso al pasado de Jessica Jones cuela porque aún vemos posible que el personaje guarde secretos en su pasado, pero la serie empieza a pedir a avances significativos y una evolución que, por fin, acerque a su protagonista a su inevitable destino.


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Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.