El creador de “Oasis”, un mundo virtual visitado por millones de personas, cederá el control total de su obra a quien encuentre un secreto oculto en su interior.


Resulta complicado interpretar a Steven Spielberg en Ready Player One. Dibuja una sociedad apática, alienada y sometida al poder de las corporaciones, pero feliz en su evasión virtual. Crea un relato de liberación popular que olvida al colectivo para premiar sólo al individuo. Ensalza la figura del “friki” como apasionado consumidor de cultura popular, pero rechaza reafirmar su identidad viendo su única posibilidad de salvación social en el amor. Plaga su filme de referencias ajenas para terminar convirtiéndolo en un enorme auto homenaje.

¿Está de broma el genio, como el creador que aparece en su obra, retratando con sorna a una generación acomodada en la nostalgia? ¿Es el maestro en realidad un troll capaz de renegar de su propio estilo en favor de la ironía?

Si el sello de la casa es la estimulación de la imaginación, en Ready Player One se obsesiona en sedarla. Tal vez Spielberg es consciente de las características de un nuevo público ávido de constantes distracciones, por lo que eleva deliberadamente el ruido ambiental para ocultar la ausencia de una melodía de fondo. El conjunto vive de su gran dinamismo y su capacidad para deleitar los sentidos, pero al mismo tiempo desvela que la estrategia de colar en pantalla mitos del cine, el cómic y el videojuego, no responde sólo a un plan comercial. Si Spielberg usa a Tracer, Batman, el Gigante de Hierro o el Delorean en lugar de sus equivalentes genéricos, es porque ha comprendido que el mayor peligro para un mundo virtual es resultar, para quienes buscan evasión, tan tedioso como la realidad.  Y recuerden: no es plagio, es homenaje. No es tópico, es nostalgia.


Aceptable

Written by PGP Gurez
Pablo ha publicado algún relato, participado en varios blogs y escrito unos cuantos guiones. En KTarsis se ocupa de analizar los últimos estrenos de la pequeña y gran pantalla.