DYLAN DOG: DEAD OF NIGHT (107 Minutos Aproximadamente. Estados Unidos.). También con Sam Huntington, Peter Stormare, Taye Diggs. Escrita por Thomas Dean Donnelly y Joshua Oppenheimer sobre la obra de Tiziano Sclavi.

Sinopsis: Aunque para la mayoría de los humanos pasan desapercibidos, los muertos vivientes pueblan la noche de Nueva Orleans llevando a cabo sus propios negocios. El único ser al que todos respetan es Dylan Dog, antiguo investigador de lo sobrenatural que ahora malvive como detective. Un misterioso asesinato le obliga a retomar su antigua ocupación.

Crítica: Una de las grandes máximas del optimismo invita a guardar silencio cuando no hay nada bueno que decir. De aceptar ese valioso consejo tal vez lo mejor sería dejar pasar la oportunidad de analizar esta Dylan Dog, ya que la cinta es, resumiendo, probablemente lo peor que ha pasado por nuestras pantallas este año. Múltiples y graves son sus problemas y comienzan en su mismo cartel de reparto. Brandon Routh es un miscast de libro ya que no encaja ni como badass ni en ningún otro registro que le saque de la autoparodia, Anita Briem se pasea sin ganas por un personaje totalmente plano y cuya evolución es irrisoria, Sam Huntington es incapaz de hacerle gracia a nadie, Taye Diggs es el villano más prescindible que hemos visto en tiempos y Peter Stormare ni siquiera hace de malo. ¿Para qué contratar a un tipo con esa cara, esa voz y esa forma de moverse si no le vas a convertir en un auténtico cabrón? Aunque es sencillo cargar las tintas contra quien da la cara en pantalla, las culpas de este desastre no son todas del elenco. La realización de Munroe es mediocre, su atención a sus actores nula y su supervisión de un montaje decimonónico deficitaria. Munroe parece haber pensado que todos estos deslices se perdonan al darle a su obra un tono autoparódico y un look artesanal pero no es así. Dylan Dog no tiene ni tan siquiera el digno encanto de la serie B: el guión es una guía práctica del mal uso, por redundante y agotador, de la voz en off, la puesta en escena tiene pasajes directamente desagradables y su aspecto técnico es tan nefasto que parece de otra era. Esta es, en conclusión, una película muerta con indignidad cuya peste se percibe desde su primer minuto pero que a pesar de ello se ha insistido en exhumar y exponer en público, afectando con su hedor a todo el que se cruce en su camino.