EL MONJE  (LE MOINE, 100 Minutos). También con Joséphine Japy, Sergi López, Catherine Mouchet, Jordi Dauder, Geraldine Chaplin, Roxane Duran, Frédéric Noaille, Javivi Gil Valle. Escrita por Dominik Moll y Anne-Louise Trividic sobre la novela de Matthew G. Lewis.

Sinopsis: Abandonado tras nacer a las puertas de un convento, la única ambición para Ambrosio ha sido convertirse en un hombre pío y en un ejemplo para su orden. Ya adulto Ambrosio es un modelo a seguir por sus feligreses debido a su pasión y fe, pero también un elemento aterrador para algunos de sus congéneres debido a su rigurosidad y fanatismo. La llegada al convento del novicio Valerio supondrá un gran golpe en la virtud del monje, que verá como poco a poco el joven comienza a llevarle por el camino del pecado.

Crítica: Durante algunos instantes el personaje de Vincent Cassel hace alarde de dominio dialéctico y coherencia en su discurso, pero también de pasión y fervor, dones que bien combinados logran alcanzar las almas de sus feligreses y encenderlas en la fe. El Ambrosio de Cassel, hombre parco, duro y distante, comprende sin embargo que para llegar a su rebaño necesita algo más que convicción propia: necesita emoción. El mayor pecado que comete El Monje es creer que con una factura impecable y un libreto preciso puede llegar a conquistar no solo la mente de su espectador, sino también su corazón. Moll hace aquí de la austeridad su mayor virtud, en un relato agreste, perturbador, intransigente y muy incómodo para un público que no recibe ni la más mínima concesión por parte de su narrador. Esta historia sobre la destrucción paulatina de la virtud y de los valores de un hombre, recibe un tratamiento intachable, sin duda alguna, pero que olvida inmiscuir emocionalmente al respetable, creando así un creciente distanciamiento entre los pecadores de la butaca y los de la pantalla. Cassel esta una vez más gigantesco y la cinta muestra momentos que horadan sin piedad nuestra mente para encontrar en ella un reducto permanente pero paradójicamente, jamás llega a remover nuestras conciencias. Dada su naturaleza, es esta una mácula digna de una condena eterna.