INFIERNO BLANCO  (THE GREY, 115 Minutos Aproximadamente). También con Dermot Mulroney, Joe Anderson, James Badge Dale, Dallas Roberts, Nonso Anozie, Ben Bray, Anne Openshaw. Escrita por Joe Carnahan, Ian Mackenzie Jeffers.

Sinopsis: Ottway trabaja como cazador en una inhóspita refinería de Alaska en la que conviven todo tipo de indeseables. Cuando por fin emprenden el regreso a sus hogares, el avión en el que viajan se estrella y los pocos supervivientes quedan aislados en medio de la nieve. Obligado por las circunstancias Ottway quedará al mando del destrozado grupo en su intentona de encontrar un camino de vuelta a casa. Por si su senda no fuera ya de por sí peligrosa, pronto tendrán que enfrentarse a una sanguinaria manada de lobos que intentará cazarles uno a uno.

Crítica: Tras presentar su aclamada Narc y dejarse llevar posteriormente por el lado más comercial de su profesión, el eterno aspirante a enfant terrible de la industria americana vuelve por sus fueros. Joe Carnahan prueba con The Grey el más difícil todavía, marcándose un retorno al cine de acción más profundo con un survival horror, género de infinitas posibilidades que normalmente termina generando, por desgracia, productos de segunda. Carnahan sabe sin embargo el terreno que pisa y aprovecha todas las opciones que ofrecen tanto del formato como de su relato. Ambientado en un infierno blanco cuyas posibilidades se expanden ante la mirada del director, el guión busca la profundidad, la metafísica si se quiere, el contacto cercano y el retrato único de sus personajes, hablando al mismo tiempo de conflictos tan dispares y extremos como el poder de la unidad, el instinto de supervivencia, el impulso animal o el doloroso proceso que conlleva toda redención personal. Funciona la fuerte apuesta durante un potentísimo primer tramo pero se desinfla progresivamente ante nuestra mirada con el paso de los minutos, tal vez como una involuntaria metáfora del agotamiento que golpea a los propios personajes en pantalla. La película se ralentiza y a pesar de incombustibles alicientes como la poderosa presencia en pantalla del inimitable Liam Neeson, decae en una especie de innecesaria reiteración de elementos ya expuestos. A pesar de este implacable desfallecimiento la película mantiene un buen nivel convirtiéndose en una de las más gratas sorpresas que ofrece una casi siempre previsible cartelera.