J. EDGAR  (126 Minutos). También con Armie Hammer, Josh Lucas, Ed Westwick, Judi Dench, Damon Herriman, Jeffrey Donovan, Dermot Mulroney, Denis O’Hare. Escrita por Dustin Lance Black.

Sinopsis: Recién incorporado en el Departamento de Justicia el joven J. Edgar Hoover se propone medrar en la administración para perseguir con todo el poder que tenga a su alcance a aquellos que amenazan a su amada nación. Cuando el Fiscal General le encarga la dirección de un nuevo cuerpo de investigación a nivel nacional J. Edgar recibe por fin la gran oportunidad que ha estado esperando toda su vida. Cuarenta y ocho años, ocho presidentes y tres guerras después Hoover es el hombre más poderoso y temido de los Estados Unidos al frente de un FBI que comanda con mano de hierro. Aunque las amenazas han cambiado, sus propios miedos siguen atormentándolo.  

Crítica: Intentar a analizar a estas alturas a Clint Eastwood es como cuestionarse sobre el sentido de la vida: uno se siente del todo insignificante, muy lejos de estar a la altura intelectual, emocional y cultural de lo que la situación demanda. Eastwood es leyenda, historia viva del séptimo arte, maestro de maestros. Nadie lo niega, pero hasta los gigantes a veces pierden el paso. J. Edgar es como se esperaba un nuevo alarde de perfección formal por parte de un cineasta mayúsculo, convertido ahora en retratista de una de las figuras más controvertidas de la historia de su país. Sin en apariencia mancharse demasiado las manos Eastwood nos describe a su J. Edgar como un hombre terrible, retrógrado, exigente, soberbio, desconfiado, a veces cruel, otras manipulador y siempre adicto al poder, al control, a la fama. También, en las distancias más cortas, lo dibuja como un individuo coherente con sus ideas, convencido de su misión, lacrado por sus inseguridades y desvalido a nivel emocional por décadas de desmesurado autocontrol. Su homosexualidad, un elemento con el que Eastwood juega abiertamente, es percibida por el personaje como una peligrosa lacra que puede hundir su trabajo, su reputación, su legado, elementos clave para él en todo el metraje. El Hoover de un notable DiCaprio es por tanto vulnerable y en consecuencia solo fiel a su círculo interno de confianza, formado por una controladora madre a la que interpreta haciendo gala de profesionalidad Judi Dench, una fiel secretaria que cuenta con el rostro de la siempre acertada Naomi Watts y un sincero amante al que da vida el joven galán Armie Hammer, probablemente el más perjudicado del trío principal por el cuestionable uso del maquillaje en algunos tramos de la cinta. Funciona por tanto el biopic a nivel narrativo e interpretativo, pero falla en una cuestión tan básica como es seducir al espectador, lograr empatizar con él y arrastrarlo a la historia. La película es siempre fría pero por momentos provoca el tedio entre el respetable y en consecuencia el desapego hacia un relato con el enorme potencial de fascinación que produce siempre la historia y, ante todo, aquellos que como fuera lograron pasar a formar parte de ella.