LOS DESCENDIENTES  (THE DESCENDANTS, 120 Minutos). También con Beau Bridges, Robert Forster, Judy Greer, Matthew Lillard, Nick Krause, Amara Miller, Mary Birdsong, Rob Huebel, Patricia Hastie. Escrita por Alexander Payne, Nat Faxon y Jim Rash sobre la novela de Kaui Hart Hemmings.

Sinopsis: Cuando su esposa sufre un accidente y queda en coma, Matt King debe hacer frente a responsabilidades que hasta entonces había ignorado. Obligado a cuidar por sí solo de sus dos hijas, los problemas de Matt  se agravan cuando descubre que su mujer tenía un amante. Obsesionado con encontrarle y poner por fin rumbo a su vida, Matt tendrá también que lidiar con la venta de una gran propiedad que es el último pedazo de tierra virgen en la paradisíaca Hawaii. A pesar de su complicada situación, el vínculo entre las chicas y su progenitor se hará poco a poco cada vez más fuerte.

Crítica: Tras firmar la moderna, inolvidable y a pesar de ello tal vez un tanto sobrevalorada Entre Copas, Alexander Payne regresa a la gran pantalla con un drama que reúne -y potencia- muchas de las cualidades de aquella obra. Con Los Descendientes el director vuelve a demostrar un soberbio manejo de todos los aspectos de su arte, dominando con tiento el ritmo de su relato y moldeando a la medida de las emociones que emana la historia a un reparto entregado. Un impresionante George Clooney compone uno de los mejores trabajos de su carrera dando vida, como solo él sabe, a un personaje creado a su medida. Como algunos clásicos puede que el actor solo sepa interpretar con auténtica genialidad un tipo de personaje, pero al menos tiene la habilidad de elegir bien. Mostrando su lado más patético, y también más humano, el galán torna en fracasado ambulante que aspira, tan solo, a la normalidad; la misma que intenta recrear artificialmente en unas circunstancias espantosas pero que al mismo tiempo, suponen la oportunidad definitiva de encauzar su vida. Con la magnífica aliada que supone Shailene Woodley, actor y director forman equipo para crear un relato emotivo en el que chocan, como en la propia vida, los momentos de humor que surgen en medio del dolor, la pérdida y el llanto. Dolorosamente humano, este descorazonador drama cargado de perlas cómicas en medio del paraíso, deja claro, también, que el cine que propone no es para un espectador ávido de un relato más dinámico y tal vez más cómodo, pero tampoco para aquel que busca encontrarse con una auténtica obra maestra alteradora del género. Solo desde la apertura emocional se disfruta de esta sencilla Los Descendientes, una obra que supone para Payne un trabajo notable con una gran estrella en su mejor momento y, lo que es más importante, un regreso por todo lo alto.

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