SHERLOCK HOLMES: JUEGO DE SOMBRAS  (SHERLOCK HOLMES: A GAME OF SHADOWS, 120 Minutos). También con Noomi Rapace, Stephen Fry, Jared Harris, Rachel McAdams, Eddie Marsan, Kelly Reilly. Escrita por Kieran Mulroney y Michele Mulroney sobre los personajes creados por Sir Arthur Conan Doyle.

Sinopsis: Una serie de misteriosos atentados está teniendo lugar a lo largo de las ciudades más importantes de Europa amenazando al continente con desencadenar una gran guerra. Mientras las autoridades señalan a diversos grupos disidentes como los responsables de la escalada, el famoso investigador Sherlock Holmes tiene su propia teoría sobre la identidad del responsable: el malvado profesor James Moriarty. Seguro de su culpabilidad Holmes, acompañado como siempre por el doctor John Watson, intentará desbaratar los planes de su archienemigo y salvar a Europa de un sangriento conflicto.

Crítica: Secuela de libro, la que firma aquí Guy Ritchie. A saber, los responsables de un éxito postulan que la única forma de repetirlo no consiste en recrear con exactitud los factores que lo hicieron llamativo, sino en llevarlos hacia el extremo. Así si en el original había rollo bromántico, un poco de misterio, mucha acción, un montaje impactante y personajes extravagantes, aquí hay sobredosis de bromance, una incógnita revirada, acción desmedida, un montaje a menudo desquiciante y personajes muy pasados de rosca. Un buen ejemplo es Robert Downey Jr, probablemente el ser humano que cae bien a un mayor número de personas en el planeta, que aparece en la secuela más reinona johnnydeppiana que nunca, haciendo uso de todo tipo de histrionismos, muecas y pucheros toda vez que no encuentra freno por parte de un Ritchie concentrado, únicamente, en hacer de su filme el entretenimiento más espectacular posible. Le funciona el plan al director ante todo porque el libreto de los Mulroney, en el extremo contrario de las obras de Doyle, está hecho a la medida de los aspavientos del director y de su protagonista, dejándose por el camino los elementos más básicos que identifican al personaje en pro, dicho sea de paso, de propuestas actuales más acertadas. Por eso mismo nos quedamos con ganas de más Rapace, Fry y Harris, de un Holmes más Holmes y menos Sparrow y de un misterio auténtico en vez de tanta geopolítica steampunk. El Sherlock Holmes cinematográfico es puño, sudor y chascarrillo, ya lo sabíamos, pero sus excesos terminan por convertirle en una caricatura de un personaje inmortal.

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