UNDERWORLD 4: EL DESPERTAR  (UNDERWORLD AWAKENING, 88 Minutos). También con Michael Ealy, Sandrine Holt, India Eisley, Charles Dance, Theo James. Escrita por J. Michael Straczynski, Len Wiseman, John Hlavin y Allison Burnett.

Sinopsis: La humanidad conoce ahora la existencia de vampiros y licántropos y se ha propuesto llevar a ambas razas hasta su extinción. Doce años después del fin de la guerra la vampira Selene despierta de su cautiverio gracias a la ayuda del misterioso Sujeto 2, un prisionero con el que ha compartido calvario. Convencida de que se trata de su amado Michael, Selene seguirá su pista a lo largo de un mundo muy distinto al que conoció pero con amenazas muy similares a las que siempre ha combatido.

Crítica: Evitamos el deja vu (más allá de lo obvio) ya que aunque tengamos vampiros y hombres lobo una vez más enfrentados en cartelera en forma de larga saga, estos al menos no tienen complejos a la hora de desmembrar al personal como exige la tradición de sus razas. Underworld alcanza su desparrame número cuatro y lo hace volviendo por la senda habitual de la franquicia, lejos esta vez de precuelas y desvaríos varios y contando de nuevo con la modernidad gótica de Selene como hoja de ruta. La película, no lo olvidemos, no tendrá a Len Wiseman en la dirección pero sí vuelve a contar en el protagonismo con su señora, una Kate Beckinsale que en su regreso a la gran pantalla repite modelitos ceñidos, mirada de hielo y una pasión desmedida por los brincos más complicados. La supersexy actriz pasea por una película que reúne sin pretender engañar a nadie los factores más representativos de sus predecesoras repitiendo al mismo tiempo sus mismos errores. Awakening es sangrienta, espectacular, siniestra y muy divertida, aunque carezca de discurso más allá de una leve crítica a esa pasión que tenemos los humanos por masacrar todo aquello que nos parezca diferente. Como tampoco nos hemos plantado en la sala para disertar sobre complejas cuestiones metafísicas, sino para ver a la bellísima Beckinsale machacando al personal de diversas maneras, el producto funciona, entretiene y además cuenta con Stephen Rea haciendo de malo. Es blandita, superficial y se olvida en un santiamén como ocurre con las anteriores, pero garantiza un espectáculo a la altura de lo esperado. No es un manjar, pero merece la pena darle un mordisco.