THE NEWSROOM (HBO, Primera Temporada de 10 Episodios de 55 Minutos Aproximadamente) Con Jeff Daniels, Emily Mortimer, John Gallagher, Jr., Alison Pill, Thomas Sadoski, Dev Patel, Olivia Munn, Sam Waterston, Jane Fonda.

Sinopsis: Will McAvoy es un reputado presentador de noticias que ha ganado un enorme respeto en la profesión gracias a su inquebrantable independencia política. Un desliz durante una conferencia le coloca en el ojo del huracán y provoca que la mayor parte de su equipo le abandone. Para llenar el vacío la cadena contrata a una veterana reportera con la que Will tuvo un romance que terminó mal. Juntos intentarán sacar adelante un programa de noticias que ofrezca al gran público información veraz y le invite a pensar con espíritu crítico.

Anteriormente en The Newsroom

Ya habíamos determinado que la nueva andadura del inefable Aaron Sorkin por la pequeña pantalla era una obra de gran calidad técnica, perfecto acompañamiento interpretativo y gran carga crítica que, entre muchos otros problemas, adolecía del marcado estilo del aclamado autor y también, de desfavorables comparaciones con pasados productos firmados por el propio escritor. Con esa asignatura pendiente contemplábamos curiosos el desarrollo de una de las series más esperadas del año que en sus primeros capítulos se había convertido en una pequeña decepción.

Sorkin contra Sorkin

Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta un autor consagrado es su propia fama. Sorkin se ha puesto a sí mismo el listón muy alto y aunque de él siempre se esperan gratas sorpresas, es complicado incluso para un genio alcanzar ese nivel. Tal vez por eso los primeros minutos de The Newsroom, a pesar de su fuerza, sabían a poco. El show parecía un revival de los mejores momentos de shows ya legendarios a los que no quedaba claro si plagiaba, parodiaba o rendía homenaje. Así Sorkin se encontraba en la inusual situación de estar compitiendo contra una versión pasada de sí mismo.

El Ala Oeste del Canal de Noticias

Aunque el currículo de Sorkin es extenso, es El Ala Oeste con la que más similitudes encontramos. No porque como aquella The Newsroom ofrezca una versión íntima del desarrollo tras las bambalinas de una actividad popular pero repleta de misterios para el gran público, sino porque ambas tocan una misma temática y gozan de un similar acercamiento a la misma. The Newsroom, como su predecesora, habla de política y utiliza la ficción para postular, denunciar y explicar aspectos de la vida pública estadounidense a sus espectadores. Así Sorkin se transforma en maestro, a su público en alumnos y a su serie en un púlpito desde el que defender unos valores y clamar contra aquellos que el escritor considera sus antagonistas, culpables desde su prisma de la pérdida de la grandeza de su país.

Una guía moral

Sorkin no concibe la meta de la ficción únicamente como un entretenimiento o un negocio más o menos lucrativo, la ve como una oportunidad de trasladar ideas, de crear debate, de producir polémica y de educar al espectador. Puede resultar una postura grandilocuente, condescendiente hasta lo ofensivo e incluso ingenua hasta lo patético, pero el escriba insiste en el formato. Uno, señalemos, un tanto meta. Mientras Sorkin se pelea contra la ultraderecha y sufre presiones para que cese su cruzada amenaza de veto incluida, a sus personajes les ocurre lo mismo. Este curioso efecto es sin duda el mayor aliciente de la serie, la fuente de su auténtico valor. The Newsroom tiene el coraje de atacar aquello que considera injusto, de mancharse las manos y de buscar problemas a sus responsables con gente muy poderosa. En cierto modo el mundo en el que se ambienta la serie es más real de lo que parece.

La dura realidad

Vivimos tiempos oscuros en los que la sociedad ha aceptado que los políticos son corruptos y mediocres, que el fanatismo mueve masas con mayor facilidad que la mesura y la lógica, que el progreso es un lujo que sale caro, que los medios de comunicación han de defender a ultranza una ideología política y que la masa ha de aceptar, muda y sumisa, lo que se le dice desde los núcleos de poder. La democracia suena a sueño, la justicia a timo, la igualdad a un cuento de otra época. Ante este panorama una serie como esta se hace imprescindible y su aportación a la sociedad necesaria. The Newsroom nos recuerda los valores más elementales de nuestra sociedad y nos alerta de su aterradora decadencia. Que por fin una serie de Sorkin se ambiente en un mundo real, actual y vivo no es casualidad. Solo a través de un retrato de nuestra sociedad actual realizado con rigor se puede construir una crítica efectiva y mostrar una alternativa idealista, pero también creíble, justa y democrática.

Las contraprestaciones

Lo malo de mostrar sin paliativos el fanatismo y la mediocridad de algunos destacados miembros del Tea Party es exponerse a la antipatía, o lo que es peor la indiferencia, de un gran sector del público. Para paliar esa fuga de público HBO y Sorkin han diseñado una red de simpáticos líos románticos que solo se puede calificar con una palabra: catástrofe. Que sean dos: catástrofe total. Aceptamos la historia de desamor entre los dos protagonistas, conscientes de que el romance debe estar presente como contrapunto azucarado -o no- al drama y también de que debe incidir en la vida profesional de los personajes, pero hay tramas secundarias insufribles. Lo son tanto que arrastran la calidad del show hasta casi sumergirlo. Si saca la cabeza para respirar es solo porque la calidad técnica del producto es impecable y porque las genialidades de sus creadores bien valen ese tormento. Genialidades, dicho sea de paso, menos habituales y de menor potencia de lo esperado.

Personas y personajes

Para golpear al espectador con la fuerza de su ingenio Sorkin siempre ha usado a personajes extremos que, con el tiempo, se iban convirtiendo en personas tan vivas que, en el mundo perfecto en el que habita la mente de su creador, podrían haber sido reales. En The Newsroom se le nota apresurado, tal vez por exigencias del formato, y esa evolución no existe. Los personajes intentan derrochar carisma e identidad desde el minuto uno y logran el efecto contrario: algunos nos caen fatal cuando no deberían. Unos ejemplos: El Will McAvoy de un enorme Jeff Daniels es un auténtico cabrón… durante cinco minutos. Luego nos percatamos de su gran corazón, de la firmeza de sus valores, de su sentido de la justicia. Algo parecido ocurre con el resto de secundarios, tal vez demasiado familiares con otros de otras series que ya conocemos lo cual resulta por una parte poco impactante y por otra del todo inverosímil. ¿Cuántas Donna Moss hay en este planeta? Olvidando al patoso, cargante, indeciso y sobrante y a pesar de ello elemental personaje de Alison Pill centrémonos en una compañera suya.

La guapa y graciosa señorita Munn

The Newsroom tiene un elenco plagado de rostros conocidos pero vamos a prestar atención al más bello de todos. No por una pasión no reconocida por la espectacular Olivia Munn, sino porque su papel en la serie es el paradigma de todos los males que la afligen. Munn es, para entendernos, la versión americana de Pilar Rubio si esta hubiera logrado triunfar. Humorista, reportera, presentadora, modelo y actriz, Munn se lo ha currado y ahora comienza a obtener resultados. Es simpática, ingeniosa, tiene una legión de seguidores y un físico envidiable. ¿Cuál es el problema? El problema es que nadie se cree a su Sloan Sabbith. Es un personaje tan extremo, incluso para Sorkin, y tan mal llevado que la actriz hace lo que puede para evitar el ridículo total en algunas secuencias. Y a veces no lo consigue. Lo mismo ocurre con muchos de sus compañeros, protagonistas de escenas en las que Sorkin y su equipo parecen fuera de juego, lejos de su nivel y sobrepasados por un encargo que hacen a disgusto. El resultado es una incómoda confusión en sus seguidores, que se plantean cómo pueden convivir en la misma ficción un dura crítica al fanatismo político y unos enredos románticos propias de la peor telenovela.

Así se lo hemos contado

The Newsroom es así un show con una doble identidad. Un thriller sobre cómo sería la creación de un programa de noticias critico e independiente, que funciona, y una debacle de patio de colegio entre personajes con poco carisma y mucha hormona que no termina de encandilar a nadie. Y que un show patrocinado por Aaron Sorkin no sea absolutamente perfecto sí que es noticia.