HELL ON WHEELS (10 Episodios de 45 Minutos Aproximadamente). Con Anson Mount, Colm Meaney, Common, Dominique McElligott, Tom Noonan, Eddie Spears, Ben Esler, Phil Burke.

Sinopsis: La guerra civil acaba de terminar en los Estados Unidos y las grandes fortunas del país ya miran hacia el Oeste. Clave para su conquista es la construcción de una línea de ferrocarril viable y segura, un proyecto que se disputan dos crueles compañías. Al límite de construcción de la vía se dirige Cullen Bohannan, un antiguo oficial rebelde que como muchos otros acude al lugar en busca de trabajo. Sin embargo la misión del atormentado Bohannan es muy diferente, ya que su única obsesión es dar allí con los últimos asesinos de su familia a los que aún no ha dado muerte. En su venganza se interpondrán pronto los múltiples problemas que tiene el Infierno Sobre Ruedas, el nombre que dan los trabajadores a la ambiciosa obra, y en particular los de Lily Bell, una aristócrata británica que sufre un cruel destino.

Crítica: Como habíamos leído en la misma frase “AMC” y “western” nuestra imaginación había cabalgado rauda hacia las verdes praderas de las exageradas expectativas. En nuestra mente Hell on Wheels iba a ser la resurección de Deadwood, la traslación de Sin Perdón a la pequeña pantalla, la conversión en serial de Valor de Ley. Una obra austera, dura, realista, conmovedora, precisa y eterna. ¿Lo es? Pues no. Resulta que en realidad Hell on Wheels no es nada de eso. Es de hecho, todo lo contrario. O casi. Es ante todo una víctima más del hype que viene afectando ya demasiado a los nuevos títulos de la cadena AMC, que auspiciada por grandes éxitos nos ha soltado al ruedo algunos morlacos no tan dignos del reconocimiento y la atención que se les ha dado (léase El Prisionero, The Killing o The Walking Dead). Es también un show que queda empequeñecido por las expectativas generadas, algo que le perjudica gravemente en cuanto a que agrava de forma notable sus muchos problemas. La serie de los Gayton, como muchas de sus compañeras de cadena, queda absorbida por el contexto, dejando perderse poco a poco su trama entre enredos secundarios de mucho menor peso. Hay personajes sin atractivo que copan demasiada atención, situaciones previsibles resueltas sin esmero, situaciones imprevisibles resueltas de manera inverosímil y mucha tensión constantemente pospuesta. ¿Es entonces la serie un completo desastre? Para nada, y puede que, viendo la parrilla americana con algunos títulos de éxito rotundo y calidad desquiciante, esto le venga incluso mal al invento: ni siquiera logra llamar la atención como descalabro mayúsculo. Hell on Wheels está correctamente ambientada, cuenta con algunos personajes de gran carisma y con el paso de los capítulos llega a hacerse querer. No logra ni logrará alcanzar el nivel que se le presuponía pero aún así entretiene y por momentos incluso atrapa, con sus malos de folletín, sus antihéroes de novela negra y sus heroínas burguesas de romance británico. Con la segunda temporada ya en el horizonte es de esperar que resuelva pronto todos sus enredos y coja el toro -o el tren, por los cuernos porque, a este ritmo, no tiene pinta que el duro míster Bohannan llegue muy lejos por mucho que intente que el viaje merezca la pena.