HOMELAND (SHOWTIME. 12 Episodios de 45 Minutos aproximadamente). Con Claire Danes, Damian Lewis, Morena Baccarin, David Harewood, Diego Klattenhoff, Jackson Pace, Morgan Saylor, Mandy Patinkin.

Sinopsis: Tras ocho años prisionero en Irak el sargento Nicholas Brody regresa a los Estados Unidos convertido en un héroe de guerra. Todo el país celebra la llegada de su nuevo emblema nacional salvo Carrie Mathison, una agente de la CIA que está convencida de que Brody es en realidad un elemento clave en un atentado que se perpetrará en suelo americano. Obsesionada por sus sospechas Carrie iniciará un minucioso seguimiento del soldado, internándose así en los aspectos más oscuros de su vida personal.

Crítica: Sobrevivir en un mundo cruel en el que cualquiera puede ser el enemigo, nada es lo que parece y aquello en lo que tenías fe termina por derrumbarse no es nada fácil. Aunque el tema invite a ello no hemos tocado aún el truculento mundo de la inteligencia militar, sino el no menos letal de las ambiciones catódicas. Cada año fuertes estrenos se desinflan, series de segunda se convierten en referentes y gigantes experimentados son extinguidos de la programación. Si salir adelante en esta jungla es un reto, hacerlo entre el grupo de cabeza es casi un imposible. Pero Homeland lo ha logrado ofreciendo exactamente lo que prometía. El show es un rompecabezas de diseño que mostrando ingenio, complejidad y capacidad de anticipación tampoco economiza esfuerzos a la hora de mostrarse como un producto más comercial y accesible. Es crudo, directo y vibrante, cuenta con una producción de altura y un reparto entregado, pero también es entretenido, magnético y sorprendente. Además si Lewis, Patinkin y una sorprendente Baccarin encajan en sus personajes a la perfección lo de una pasadísima de vueltas Claire Danes es ya un escándalo. La actriz sobrepasa la barrera del histrionismo en un arco final soberbio, un auténtico via crucis para su Carrie que la reconcilia con un público que, hasta entonces, no sabía cómo asimilar su trabajo: ¿sobreactuación descarada o personaje límite interpretado al milímetro? Los últimos capítulos disipan dudas como lo hacen curiosamente también con el show. Hay muchos momentos puramente 24 en Homeland, de esos en los que uno siente que le están tomando el pelo, que esto puede durar años de continuos giros de guión y que el show se desinfla ante nuestros ojos. Pierde desde luego en esos instantes de histeria colectiva pero sabe corregirse y, a través de la calma y el cálculo preciso de sus activos logra conjugar con éxito todos sus elementos: dramas familiares, secretos del pasado, enfermedades mentales, agentes con y sin conciencia, políticos ambiciosos y un plan terrorista son factores difíciles de encajar, pero encajan. Ahora, con el futuro asegurado y un buen número de televidentes ya convencidos, el reto que tiene Homeland es decidir si sigue por este  camino de autocontrol o si cede a la locura por la fuerte presión que ejercen sus pasiones. De su elección, sin duda, depende su supervivencia.