BOARDWALK EMPIRE (HBO. 12 Episodios de 55 Minutos aproximadamente). Con Steve Buscemi, Michael Pitt, Kelly Macdonald, Michael Shannon, Shea Whigham, Aleksa Palladino, Michael Stuhlbarg, Stephen Graham, Vincent Piazza, Paz de la Huerta, Michael K. Williams, Anthony Laciura, Paul Sparks, Jack Huston, Gretchen Mol, Dabney Coleman, Greg Antonacci, Erik Weiner, Anatol Yusef, Charlie Cox, Michael Zegen, Dominic Chianese, William Forsythe.

Sinopsis: Enoch Thompson maneja con mano de hierro el contrabando de alcohol en Atlantic City desde su glamuroso puesto de Tesorero del Estado. Sin embargo muchos son los interesados en lucrarse de ese negocio y todo pasa por perjudicar las maniobras de “Nucky”. Su otrora fiel alumno James Darmody es uno de sus principales rivales, sobre todo ahora que ha encontrado poderosos aliados para desbancar a Thompson de su trono. Pero el hábil político siempre tiene un plan en la cabeza y su poder alcanza lugares que nadie conoce. Ni tan siquiera bajo la amenaza de un juicio que podría privarle de sus privilegios sus enemigos están a salvo de él.

Crítica: Primera evidencia: Boardwalk Empire es técnicamente lo mejor de la televisión. Solo algunas compañeras de cadena aspiran a compararse con ella. La reconstrucción de esos locos años 20 es magnífica, sus actores sobresalientes, la dirección brillante. Segunda evidencia: A veces, a Boardwalk Empire le ocurre lo que a esas estrellas del rock que lo tienen todo para triunfar pero terminan siendo encontrados en un motel de mala muerte con una sobredosis escapándoseles del alma. El show insignia de la HBO -y esto es mucho decir- se muestra a veces como una obra de ingeniería sólida, capaz de gestionar sus contenidos con mano de hierro, de trabajar las tramas con mesura y de exponerlas con envidiable control. Otras por contra aplasta a sus seguidores con tediosa inactividad, con agotadora falta de movimiento y relatos insustanciales, incapaces de atrapar. ¿El problema? Hay personajes a los que seguirías hasta las puertas del infierno y otros a los que nadie dudaría en abandonar a la vuelta de la esquina, pero todos y cada uno tienen su propia historia aunque esta carezca de gancho. Tercera evidencia: A pesar de estos ínfimos males -si los comparamos con sus méritos- esta segunda temporada es mucho mejor que su antecesora. Es más enérgica, más dinámica y lo que es más importante, al estar más consolidada lo que ocurre en pantalla es, en la mayoría de los casos, crucial a largo plazo. No se pierde esta segunda campaña tanto como su predecesora en innecesarios circunloquios que no llevan a ninguna parte, aunque sigue con esa irritante costumbre de prestarle demasiada atención a los caminos secundarios en vez de a la gran autovía a estrenar que se abre ante ella. Cuarta evidencia: Uno de los mayores alicientes de este segundo año en antena es que a esa doble personalidad, ya conocida, se une una tercera. Boardwalk Empire ha demostrado en una recta final sublime que sabe ser rebelde, loca, casi suicida, rompiendo sus propias reglas y lanzándose a lo desconocido. Nos ha enseñado que a pesar de ser un gigante de diseño no tiene miedo a mancharse las manos y eso, evidencia cinco, para un show que contaba con tantas y tan buenas cosas a favor es el punto que necesitaba para ir convirtiéndose, trago a trago, bala a bala, en una obra maestra.