SPARTACUS: VENGEANCE (10 Episodios de 55 Minutos Aproximadamente). Con Liam McIntyre, Manu Bennett, Peter Mensah, Nick E. Tarabay, Craig Parker, Viva Bianca, Dustin Clare, Katrina Law, Cynthia Addai-Robinson, Dan Feuerriegel, Brett Tucker, Lucy Lawless.

Sinopsis: Tras escapar de la casa de Batiato la gente de Espartaco tiene en frente un desafío aún mayor; evitar a las legiones romanas y alcanzar su ansiada libertad. Consciente de la dificultad de su meta, el líder tracio intentará unir a sus fuerzas y reforzarlas con los esclavos que encuentre a su paso. Mientras en Capua el cruel Glabro ve en el alzamiento de su archienemigo la oportunidad que esperaba para alcanzar por fin la gloria en Roma.

Crítica: Spartacus sigue siendo Spartacus. Hay sangre y arena. Y gore y sexo y desnudos integrales y diálogos lapidarios. Pero, a estas alturas del show, ¿se sigue manteniendo esa teoría que afirma que el público de Spartacus sigue la serie solo por eso? ¿Que sus fans son una especie de criaturas enfermizas que buscan en ella una muestra visible de sus más secretas perversiones? ¿Que sus creadores han optado por el camino fácil para lograr legiones de seguidores? En sus inicios Spartacus daba vergüenza ajena porque daba la razón a todas esas hipótesis. Todo era gratuito, injustificado más allá de una estrategia comercial basada en la polémica y la carne fresca. Sin embargo el show pronto se reveló como algo más, como un drama tejido con precisión y previsión, que desgranaba tramas y descabezaba personajes principales en un salto al vacío valiente pero sin riesgo, consciente de que había red de salvación porque ya se había preocupado de colocarla antes ahí. Así la sangre y el sexo pasaron poco a poco a un segundo plano, a uno casi ambiental, mientras su historia se hacía cada vez más fuerte. Ahora Spartacus es una serie sólida precisamente por eso, porque los que la vemos no lo hacemos para ver pseudoporno y masacre (o no solo por eso), sino para seguir las desventuras de unos personajes que tras kilos de carne prieta no temen desvelar un alma propia. En este sentido la segunda campaña es una delicia para el fan. Hay apasionados reencuentros, dolorosas (y como siempre inesperadas) pérdidas, reapariciones de viejos conocidos, choques épicos entre antagonistas, sibilinas traiciones, conspiraciones de alcoba y un tono oscurantista, casi crepuscular, que reina sobre el conjunto. Gana enteros también el producto de Starz por su ya demostrada valentía a la hora de romper con lo previamente establecido. El final de temporada es un buen ejemplo, pero no el único, ya que hay momentos de esta nueva campaña en los que ocurren más cosas que en años de otras series más admiradas por la crítica.  Con todos estos alicientes a su favor es absurdo seguir calificándola de placer culpable para un público minoritario. Spartacus, a pesar de sus numerosos defectos, se ha alzado contra esa norma buscando su propio camino. Que siga adelante, que nosotros le seguimos.